05, Oct 2012

Operativo tirar rostro

EL AUTOR

Alfonso Ponce de León

En Puebla existe un remedo barato del polifacético exdiputado federal por el PRD, Félix Salgado Macedonio; usted debe recordarlo, el inventor del “mañanero”, el que andaba en moto, grabó un disco y quien incluso fue presidente municipal de Acapulco, Guerrero, cuando la ciudad era pacífica.

Se trata de Elías Córdoba López Escalera, quien ocupa el cargo de director de Verificación del Comercio Exterior, de la Secretaría de Finanzas del gobierno del estado de Puebla. Este servidor público ha sido noticia por sus excesos y presuntos abusos en los operativos que su departamento realiza, sobre todo en los casos de contrabando y de “piratería”, ya que sus mismos subordinados han lanzado quejas que nunca han tenido eco en la Secretaría de la Contraloría del gobierno de Puebla.

No está para saberlo ni un servidor para contárselo, pero don Elías Córdova dio clases de excesos, abusos e incluso mal estilo. No tiene muchos días que nuestro personaje llevó a parte de su personal, incluso a bordo de vehículos oficiales, para que realizaran —con torretas y sirenas prendidas— un recorrido por la zona de “antros” de San Andrés Cholula sin más motivo de dejar sentir su presencia, porque ni siquiera realizaron alguna inspección.

Y le comento que el funcionario cayó en un mal estilo al circular en ese operativo en una lujosa motocicleta llevando como acompañante a una mujer que estaba ruborizada ante el “desfile” de la impunidad y la prepotencia. Dicen los enterados que el funcionario hizo parada con el dueño de un “antro” de la zona, al parecer su amigo, con el que conversó durante varias horas hasta que llegaron a un oscuro acuerdo. A partir de ese día el dueño de este “antro” se ha reunido con otros para hacerles ver la necesidad de reunir una suma mensual para entregarla como “renta” y prevenir “operativos sorpresa”.

Claro que, para dejar en claro “la necesidad de entrarle”, el personal que ese día acompañaba al director estuvo tomando fotografías de cada uno de los “antros”, así como de los clientes.

La amenaza, al parecer, funcionó.



Las mafias de las aseguradoras

Ocurrió la mañana del miércoles, Francisco C. —quien se gana la vida como alfarero en la zona de Analco— fue atropellado cuando iba en su moto por Leonel Delgadillo, quien iba a bordo de un vehículo Golf rojo.

Francisco fue trasladado al hospital de la UPAEP, donde le dijeron que “no se preocupara” que el conductor que lo arrolló estaba asegurado y que le iban a pagar todas y cada una de sus curaciones. Al momento de que Francisco llegó al área de urgencias del nosocomio fue entrevistado por el personal de trabajo social, que le dijo que para atender sus lesiones —fractura de pierna y de clavícula— debería depositar la suma de 15 mil pesos como anticipo, en caso contrario tendría que abandonar el hospital particular.

Uno de los representantes de la aseguradora, cuyo nombre aún no ha sido revelado, se apersonó con el lesionado, le dijo que firmara un documento donde se daba por pagado de sus lesiones y que entonces sería atendido. El herido se negó a firmar ese perdón por una razón muy importante: desconocía qué tipo le lesiones presentaba y si éstas le dejarían secuelas, además de que se trataba de una irregularidad, pues ese perdón se otorga cuando las lesiones han sido atendidas, no antes.

Como consecuencia, todo el miércoles el alfarero no fue atendido, tuvo que abandonar el hospital la mañana del jueves antes de que se les ocurriera cobrarle la camilla donde lo tuvieron con todo y fracturas. Es obvio que este abuso no hubiera ocurrido si el hospital e incluso el Ministerio Público que investiga estos casos no estuviera de acuerdo con la aseguradora.

Las historias de impunidades aún no terminan.



Narcotienda frente a la Arena Puebla

Vecinos de la 13 Oriente —desde el bulevard 5 de Mayo hasta la 4 Sur— están preocupados, incluso han acudido a la Procuraduría General de Justicia (PGJ), a la Secretaría de Seguridad Pública tanto del estado como del municipio para denunciar que frente a la Arena Puebla, en un edificio de color gris, opera una “narcotienda” que abre las 24 horas y cuyo propietario identifican con el apodo de “El Santanero”.

Su preocupación es por qué a toda hora del día, sobre todo en la noche, llegan sujetos a pie o en vehículos para adquirir dosis — presumen que son cocaína y marihuana— y muchos de ellos no se retiran, sino que en una privada cercana la utilizan como “picadero” y consumen todo tipo de drogas. Les extraña que en los recorridos que realiza la policía del municipio y del estado no hayan sido detectados ni detenidos. Además, aseguran que desde esa tienda se surten otros “narcomenudistas” que llegan de los barrios del Carmen, Los Sapos, Analco, La Luz y El Alto.

Temen que en esa zona aumente la delincuencia y no saben dónde acudir. Este mismo reporte fue enviado a la Secretaría de Marina e incluso al Ejército mexicano para ver cual de éstas hace algo.

Nos vemos cuando nos veamos.

 

Porque los muertos corren rápido
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