20, Abr 2017

Aquella izquierda que murió

EL AUTOR

César Musalem Jop

1. Gaudencio Ruiz García es un hombre que en el pasado hizo mucho futuro en el combate social:

a). Logró con Jorge Chávez Palma, Alexandro Gallardo Arroyo, Alexandro Chávez Palma, Rubén Moreno Benítez y Federico López Huerta, concertar al lado de huestes de ciudadanos desconocidos —sin momento alguno como reconocimiento— el cuarto poder que significan las juntas auxiliares municipales, mismo que se agregaría en el Desarrollo Social al Ejecutivo, Legislativo y Judicial.

2. En aquellos días piñaolayistas, cuando el gobernador escandalizaba a la “sociedad” con sus actos corporales o verbales directos, casi calentanos —desde Izúcar hasta Acapulco—, diariamente, el Zócalo con su magnitud histórica, acogía a miles de manifestantes de todo el interior del estado que venían al sitio del poder central —en un país federalista—, a manifestar su encabronamiento contra las chingaderas ejecutadas diariamente por presidentes de colonias o barrios; inspectores municipales; autoridades auxiliares, alcaldes, síndicos, regidores o policías de mala conducta, e incluso uno que otro delegado federal atrabiliario que trabajaba dos días a la semana, y el resto por no residir entre nosotros cobraba por hacer grilla en aquel DF, ahora desaparecido de nombre.

3. La unión de los líderes citados generó un izquierdismo digno de ser imitado continentalmente, toda vez que en América hispana los agrupamientos humanos medianos o pequeños, carecen no solo de representación política administrativa, sino de voz que se haga oír, lo cual los obliga a buscar en la protesta callejera su desahogo frustrante cotidiano, exigiendo soluciones justas a su problemática.

4. El cuarto poder lo ejercen ¿o ejercían? en Puebla las xuntas auxiliares municipales a las cuales el injustamente denostado Mariano Piña Olaya concedió con sus congresos locales una serie de obligaciones administrativas, humanistas tendientes a elevar un grado de la entonces casi inexistente en Puebla: ingeniería de organización social, donde la autoridad de los pueblos asume responsabilidades ajenas al paternalismo de los gobiernos, organizando a los vecinos a la responsabilidad en el desarrollo social de la comunidad.

5. El cuarto poder no se logró a la ligera.

5.1. Se escandalizó en la radio que el generoso Sergio Mastretta Guzmán otorgaba gratuitamente para una audiencia que no pagaba comerciales ni publicidad alguna.

5.2. Se escribía en el diario más politizado de esos días, que lo dirigía el honesto e incorruptible Gabriel Sánchez Andraca, leyenda entre las más bellas mujeres maduras de sus días.

5.3. Se desayunaban los campesinos en el Hotel Palacio —y lo es—, San Leonardo, pagando la cuenta ellos, acarreando como japoneses ricos en el mundo entero, lo que sobraba.

5.4. Los diputados de izquierda, todos, fuesen del partido que fuera, convocaban al pueblo a tomar el edificio de pretensiones arquitectónicas arábigas, para intimidar, o asustar a legisladores que lloriqueaban ante la presencia, olores, lenguajes corporales de los representantes de los pueblos enardecidos.

5.5. Orientaban aquellos izquierdistas a los columnistas más sagaces e imparciales, en opíparos desayunos criollos, atendiéndolos como lo debe hacer el político profesional que nació “con clase”.

5.6. Mantenían relaciones casi fraternas con la curia avanzada de esos días e ignoraban a los presumidos representantes camarales, los cuales criticaban acremente al Poder Ejecutivo por posesiva atención al campesinado acompañado de grupos urbanos de marginados.

6. Aquella izquierda sigue viva: Gaudencio al lado del EZLN; Chávez Palma Jorge, en chinga con los jubilados; Alexandro Gallardo Arroyo dando cátedras de todo lo conflictuado nacional; López Huerta en litigios fiscales defendiendo en otras latitudes mexicanas a los pequeños y medianos empresarios de la voracidad fiscal; Alexandro Chávez Palma obsequia todo el año decenas de citas de sus estudios corre velos de datos numéricos ocultos. Rubén Moreno Medina, aunque discretamente dedicado a su empleo, escribe en diarios impresos y digitales sus opiniones de avanzada. Los otros, que suman miles en labores honestas, sin huir por ladrones o corruptos, o desleales o traidores.

7. Y aunque afirmo que los tiempos pasados no obligadamente fueron mejores, ratifico:

a). La juventud es una enfermedad que se cura con el tiempo.

b). No hay viejos pendejos. Hay jóvenes pendejos que se volvieron viejos, que es otra cosa.

c). No confundir a la izquierda social, con la izquierda aventurera que solo usa sus membretes como partidos para resolver sus ingresos personales.

NUESTRA CASA

Frente al Colegio Esparza hay 2 soberbias fachadas con clase. Una combina ladrillo con azulejos. La otra, el 112, muy actualizada.

cesarmusalemjop@hotmail.com

 

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