05, Jul 2017

La policía del pensamiento

EL AUTOR

Rafael Alfaro Izarraraz

El escándalo del espionaje contra luchadores sociales, defensores de los derechos humanos así como de políticos opositores al gobierno actual y periodistas le ha dado un matiz especial al panorama social.

El tema del espionaje no es simplemente “los espío”. Orwel, en su obra 1984, expone, en mi modesta opinión, que no se espía por espiar para saber qué dicen: en su obra se espía abiertamente a la sociedad como un sistema, mientras públicamente se presumen libertades.

De qué sistema se trata, recordemos primero el ambiente orweliano de la mitad del siglo XX, a la que perteneció la novela antiutópica orweliana: un ambiente dominado por los Estados socialistas y keynesianos, que enarbolaban un ideal para esconder otros propósitos.

La antiutopía era lo contrario de lo que realmente se estaba construyendo. Mientras las sociedades aspiraban, tanto el bloque socialista como el capitalista, a colmar las aspiraciones sociales, por debajo de esas aspiraciones se abonaba el terreno para cimentar el poder burocrático y del partido.

Al iniciar la segunda etapa del siglo XX, sobre todo la psiquiatría llevó la mano en estos temas. La película Naranja Mecánica, de Stanley Kubrick, es el ejemplo de ejemplos. Aquellas personas que no eran compatibles con modelos en ciernes, se les canalizaba a tratamientos psiquiátricos: la era de la lobotomía.

Cuál es la diferencia entre el ayer y el ahora en la lógica orweliana, del sistema que espía de manera sistemática como una “policía del pensamiento”. 

La pregunta reto es ¿cómo se podría entenderse, ahora, a la antiutopía orweliana? ¿Cuál es la explicación al por qué de la policía del pensamiento y cómo es ahora?

Una respuesta tentativa podría tener como escenario, de entrada, que el mundo de la globalización —como en el pasado el socialismo real y el Estado benefactor—, es una aspiración socialmente construida por las élites mientras por debajo, en las profundidades de la sociedad, se teje algo distinto.

Ahora, la sociedad global lleva como principio al sistema basado en el mercado como articulador de los equilibrios y beneficios sociales. Incrustarse en el mundo, como principio, resulta indispensable para lograr el bienestar y llegar al primer mundo.

Como en el pasado, la lectura orweliana de 1984 nos dice que existe un “algo” más allá de las aspiraciones sociales globales construidas por las élites para el consumo popular: el poder no se ha diluido porque el Estado se ha debilitado ante el mercado, sino que el poder se ha individualizado.

El debilitamiento de lo social ante la desarticulación del Estado ha sido sustituido por mecanismos de control dirigidos al individuo. El imaginario colectivo de lo global se construye controlando a lo individual. 

La antiutopía (la individualización), lo que se “cocina” en el fondo de lo global. La vigilancia individualizada ante el debilitamiento de lo colectivo social. Lo que no quiere decir que se elimine de tajo lo pasado. Las sociedades coexisten yuxtapuestas.

Los controles orwelianos no son las pantallas gigantes colocadas en cada esquina sino las cámaras de vigilancia que ahora siguen lo que hacen o dejan de hacer los ciudadanos, con el pretexto de la creación de una intención protectora. 

Controles alentados por la inseguridad inducida, a la que se le deja pasar y contra la que no se actúa; o se actúa, pero de la mano de manuales venidos del vecino del norte. 

Los dispositivos móviles así como pueden jugar un rol progresivo como ocurrió en Egipto, también son instrumentos individualizadores de la actividad cotidiana. Las tecnologías asociadas al “juego”, son los modernos mecanismos de “encierro” que han sustituido a la escuela, el hospital y la cárcel foucaultianas.

Cada vez más, sobre todo para el gobierno, los medios de comunicación son una de las fuentes más importantes de información acerca de lo que hace o deja de hacer el ciudadano. Infelizmente, los programas tienen como objeto a los “condenados de siempre”, como diría Fanon, ahora expuestos públicamente como parte del rating. 

El seguimiento individualizado a los opositores crece en la medida en que lo social se ha debilitado. Se aplican las nuevas tecnologías orwelianas de control. No solamente se vigila, los espías ahora se han modernizado con el pegasus orweliano.

Ahora se puede entender el odio con el que se castiga a los opositores, el odio que se activa contra ellos y que ha inundado las cárceles como ocurre en Puebla y los reclusorios del país. ¿Cómo explicar tantos y tantos presos políticos durante el gobierno de Rafael Moreno Valle?

Estamos viendo 1984, y me gustaría decir que también La rebelión en la granja pero no estoy tan seguro. Lo que vemos ahora es una dosis de violencia y de autoritarismo que se respira en la República de las cámaras de vigilancia.

Es la policía del pensamiento.

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