Por qué nos cuesta tanto creer en lo que no está de acuerdo con lo que pensamos y que no forma parte de nuestros conceptos, cuando que la creatividad está en soñar e imaginar más allá de lo que los demás toman como una verdad absoluta.

 

Todos los grandes creadores de la humanidad soñaron, imaginaron y se preguntaron ¿por qué? Soñaron con la posibilidad de que hubiese otra forma de ver y de hacer las cosas, o si era verdad lo que los demás pensaban. 

Yo me pregunto, ¿es esta la única forma de vivir en nuestro planeta?, ¿es la que puede hacer feliz a la humanidad?, dejar estéril al planeta y al mar. 

Contaminar el aire que respiramos para exterminar la vida, ¿nos llevará a la paz y la felicidad?

Pienso que no. Lo que me preocupa es que ya nos acostumbramos a ver nuestra propia decadencia y desamor a la vida en aras de sobrevivir buscando el éxito o el bienestar personal en una jungla donde sólo sobrevivirá el más fuerte, el poderoso que necesita del “débil” para sus proyectos. 

El precio del éxito de esa manera es terrible, porque provoca envidia, ¿por qué él tiene lo que yo no tengo? Lo que no ve la gente es el precio desgastante y doloroso que el poderoso ha tenido que pagar para lograr lo que posee.

Al final todos perdemos. ¿Qué no habrá otra forma de vivir? ¿A quién le interesa que la memoria del hombre se pierda dándosela al teléfono inteligente o a la computadora? ¿A quién le interesa que la herbolaria y los medicamentos baratos desaparezcan?, ¿a quién le interesa extraer el petróleo para convertirlo en una masa de contaminación terrible para el ambiente?, ¿a quién le interesa que nada respalde a un papel llamado billete?, ¿a quién le interesa que los medios de comunicación no digan la verdad?, etcétera, etcétera… ¿Por qué?