09, Nov 2017

Rafael atormentado por el tiempo

EL AUTOR

Enrique Núñez

Nos guste o no, la intuición de Rafael Moreno Valle para el manejo del timing político ha sido una de las claves para alcanzar las posiciones que ha ocupado.

Su ambición por el poder no lo ha cegado en el momento de tomar las decisiones más importantes para mantener viva su carrera política.

En su momento, fue capaz de entender que sus tiempos no habían llegado cuando su padrino político Melquiades Morales no tuvo más remedio que respaldar la candidatura de Mario Marín, en lugar de apostar por el “nieto del general”.

En ese lejano 2004, Rafael decidió —rumiando su coraje— disciplinarse, negociando con Marín el liderazgo del Congreso del Estado a través de una diputación plurinominal para hacerse de la Gran Comisión del Legislativo local.

Pasados dos años, en 2006 midió correctamente los tiempos y aprovechó el descrédito marinista por el escándalo del Lydia Gate y no dudó en abandonar a su partido, martirizándose por una supuesta promesa incumplida de hacerlo candidato al senado por el PRI.

Con el amarre político hecho por la entonces poderosa Elba Esther Gordillo, Moreno Valle hizo la “graciosa huida” al Partido Acción Nacional, en una jugada clave para sus aspiraciones de llegar a Casa Puebla.

Con el respaldo de la maestra —hoy en desgracia—, se planeó desde un exclusivo fraccionamiento en San Diego la caída del PRI en Puebla, para convertir a nuestro estado en el nuevo reino morenovallista.

Para completar la estrategia para ganar la gubernatura, volvió a aparecer su habilidad para medir el reloj político y madrugó a Marín y compañía concretando la alianza con el PRD.

Ya como gobernador, fiel a su instinto para manejar los tiempos, Rafael coqueteó hasta donde le convino con Felipe Calderón, apoyó primero a Ernesto Cordero y se hizo cómplice de Madero y Anaya cuando ambos ganaron la presidencia del CEN pianista.

Sabedor de que a su salida de Casa Puebla iniciaría una carrera contra el tiempo para ganar la popularidad que lo hiciera competitivo, volvió a activar la maquinaria para posicionar su imagen a través de la multimillonaria campaña que nos ha puesto el apellido de Moreno Valle hasta en la sopa.

Hasta aquí, Rafael ha hecho absolutamente todo lo que estaba en sus manos para hacer realidad su sueño presidencial.

Sin embargo, hoy las circunstancias electorales se salen de su ámbito de control.

La candidatura, sea la del PAN o la del Frente Ciudadano, dependen de factores ajenos al suspirante poblano, con evidentes signos de que podría ser cualquiera, excepto para Rafael.

Y es aquí en donde se pondrá a prueba nuevamente el manejo del timing por parte de Moreno Valle. 

¿Hasta dónde va a estirar la liga con Anaya?

Si su intuición vuelve a acertar, seguramente antes de que termine el año negociará con el dirigente nacional buenas posiciones para él y su grupo político, incluida su plurinominal al Senado y el control de las designaciones de candidatos en Puebla, en donde está de por medio la gubernatura para su esposa.

Y si su capital político se lo permite, Moreno Valle podría también pelear la dirigencia nacional y hasta la coordinación general de la campaña.

Pero si se equivoca y pierde el timing político, aunado a los peligrosos arranques de Ricardo Anaya, los costos para Rafael podrían ser catastróficos.

Una ruptura con Anaya podría incluir hasta la designación de un candidato a gobernador ajeno al morenovallismo entre otras consecuencias.

Así las cosas, la pregunta que en su “íntima intimidad” Moreno Valle debe hacerse es: ¿hasta cuándo y hasta dónde debe detenerse en su aspiración presidencial?

De su respuesta depende su carrera política.

¿Volverá a acertar en el timing o lo traicionará su ambición?

Veremos y diremos.

Contracara
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