05, Ene 2018

Dos mil baros

EL AUTOR

José Antonio Luna

No es la manera más positiva de empezar el año, ni modo. Mis propósitos de ver la vida desde la perspectiva de lo bueno y lo optimista, se desploman en la primera semana. Buscaré las mejores escusas para decirlas a mi risoterapeuta, aunque ya sé la respuesta: “¡No te cuentes historias!”, me dirá enérgica en cuanto suelte yo la primera justificación. Pero, ¿qué hago?

Es que me puse a trinar en cuanto vi la lista de precios de los muy caros boletos para la corrida de Tlaxcala el día veinte, anunciando a El Juli y a Sergio Flores en mano a mano, para matar un encierro de Barralva. Los costos de las entradas para ver este entrenamiento de los dos espadas, previo al mano a mano que sostendrán en la Plaza México el próximo cuatro de febrero en una de las dos corridas del Aniversario, están poco menos que altísimos. Los precios van desde los dos mil pesos por una barrera de sombra a –mira tú que poca madre- quinientos pesos en sol general.

Tal vez me equivoque, pero creo que este es un estoconazo muy certero, para darle fin a la tauromaquia mexicana. Esa vieja señora que llegó con los toreros españoles que vinieron en el siglo diecinueve, porque lo de los toros que trajo el primo de Hernán Cortés a Atenco, no fue lo que realmente invitó a venir a la mujer.

 O sea, valdrán gorro más de doscientos años de edad, desde Bernardo Gaviño a Antonio Lomelín, hijo, que confirmará alternativa este domingo, pasando por Cuatrodedos, Mazzantini y otros que la trajeron. Sin olvidarnos de los que la amaron incondicionales, toreros románticos y clásicos,  Ponciano, Antonio Fuentes, Machaquito, Bombita, Montes y su “Matajacas”, Gaona –me pongo de pie- y su plaza del Toreo, Belmonte que vino a torear para la dama mexicana; Vicente Segura, Juan Silveti y su dinastía, los Freg y los Liceaga, Pepe Ortiz el de la imaginación desbordada, Armillita y sus herederos y suNacarillo”, Carmelo y después Silverio, Balderas vestido de canario y luego, de pena negra,  Solórzano, Arruza y Manolete; Garza, El Soldado, Procuna, los Tres Mosqueteros con su D’Artagnan Paquito Ortíz, Joselito Huerta, Capetillo, Manolo, Eloy y Curro –que sea dicho de paso, se ensañaron con la vieja- El Pana y César Pastor, Valente, Manolito y Belmont, El Zapata, Angelino y muchos otros que no voy a nombrar por economía de tiempo y espacio, que me disculpen. Pasando también por Piedras Negras y San Mateo y Coaxamalucan y La Punta y Zacatepec Jesús Cabrera, Pastejé Santo Domingo y muchas más. A nuestra tauromaquia, ahora vieja y arrugada,  se le vio muy guapa en la plaza de San Pablo y en la Condesa, y en la devaluada Plaza México.

Ya lo hemos dicho, al toreo en México no lo matarán los antis ni los animalistas ni los políticos ignorantes, sino la mediocridad y los abusos de los propios taurinos. ¡Pero, qué listos todos los involucrados en la organización de este mano a mano!. ¿Habrá alguien tan bestia como para pagar dos mil merengues por ver un entrenamiento? Sí, seguro. ¿Habrá alguien que crea real esta competencia entre el viejo lobo de mar que es El Juli y Sergio Flores, que es muy buen torero, pero que no le da el currículo para ponerse al tú por tú con el maestro de Velilla de San Antonio? Sí, seguro. ¿Alguien creerá que entre estos dos toreros hay una rivalidad verdadera? ¿Habrá alguien que crea que los Barralvas van a salir con edad y pitacos como para validar la competencia de este ficticio mano a mano, sabiendo que los protagonistas tienen el gran compromiso a los quince días?

¡Dos mil baros!, me muerdo las uñas de ansiedad por ver las fotos de los felices asistentes.

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