15, Abr 2018

Los creativos que forjaron el arte de Cúchares

EL AUTOR

Antonio Casanueva Fernández

Le pregunté a unos chavales que quieren ser toreros, ¿por qué se le llama al toreo el arte de Cúchares? Me sorprendió que ninguno supiera la respuesta. Los aspirantes a toreros habían oído hablar de las tauromaquias de Paquiro y Pepe-Hillo y anteriormente habíamos platicado de Pedro Romero, Costillares y la disputa entre la escuela rondeña y la sevillana. Así que les lancé una serie de preguntas que espero contestar en esta nota: ¿Es correcto llamar a su profesión “el arte de Cúchares”? ¿No deberíamos llamarle el arte de Pepe-Hillo o de Paquiro, que fueron quienes escribieron los primeros tratados de tauromaquia? ¿No sería más adecuado llamarle al toreo moderno el “arte de Belmonte”? 

 
Foto de Curro Cúchares tomada de http://www.fotoseimagenes.net/cuchares
 

Antes de Cúchares habían surgido los primeros tratadistas: Pepe-Hillo y Paquiro. José Delgado Guerra “Pepe-Hillo” (1745-1801) fue discípulo de Costillares y rival de Pedro Romero. Un torero alegre que gustaba de la lidia de movilidad, gracia y ligereza propias de la escuela sevillana. En 1796 publicó su tratado, La Tauromaquia o el Arte de Torear. Algunos llaman a su libro “El arte de morir”, ya que el 11 de mayo de 1801 fue herido de muerte por el toro Barbudo en la plaza de Madrid que se encontraba a las afueras de la puerta de Alcalá (Santiago, 1991).

 

Primera Edición Mexicana del tratado de la Tauromaquia de Pepe-Hillo. Es interesante que el editor Juan C. Aguilar le aumentó el uso de las suertes locales (la reata y el jaripeo) que entonces practicaba Ponciano Díaz (Coello, 2011)

Francisco Montes “Paquiro” (1805-1851) fue discípulo de Pedro Romero. Fue un gran innovador, especialmente en las suertes con el capote. Torero con mucha fuerza y muy completo, le llamaron el “Napoleón de los Toreros” (Pérez, 2014). Modificó el traje de luces introduciendo el uso de machos, alamares, el tocado y lentejuelas para recargarlo de tal forma que los toreros emularan a los nobles y caballeros que alanceaban toros y que se cubrían y protegían con cascos (Delgado and Pelegri?n, 2013). En recuerdo, el sombrero que usan los toreros lleva su apellido: montera.

Otra aportación de Paquiro fue el libro Tauromaquia completa, donde fijó su concepción del toreo. Escrito en 1836, a diferencia del de Pepe-Hillo, no es un libro de técnica lidiadora, sino un tratado que sirvió de base para una reglamentación de cara al futuro de la fiesta (Montes, 1994). 

 
Imagen de Francisco Montes "Paquiro" tomada de su Tauromaquia Completa, editada en 1836
 

Francisco Arjona “Cúchares” (1818-1868) fue alumno de Paquiro en la Escuela de Tauromaquia de Sevilla.  Cúchares fue un creativo, un hombre con una singular agudeza y libertad de espíritu que lo llevaron a romper con lo preestablecido y hacer uso de su imaginación (Alameda, 1989). 

Antes de Cúchares, la muleta era un “medio” que ayudaba al diestro a dar muerte al toro. A partir de Francisco Arjona, la muleta no sólo sirve para preparar la muerte del toro, sino para crear belleza. El periodista venezolano Enrique Barrios dice que la muleta de Cúchares permitió “comunicarle gracia y amenidad a la faena taurina. De esta manera, con el nuevo uso y empleo de la muleta, se patentizó el arte de Cúchares para la posteridad, como consecuencia, además, de una apreciación colectiva” (Barrios, 2012).

De esta forma, el toreo de muleta empieza a desarrollarse con Cúchares.  El “arte de Cúchares” es entonces el “arte del uso de la muleta”.

 
Curro Cúchares y el arte del uso de la muleta (foto tomada de http://www.escaleradelexito.com/)

 

Posterior a Cúchares fue Antonio Carmona “El Gordito” (1838-1920) quien acabó de dar forma a la estructura del toreo actual dándole relevancia al segundo tercio. Alameda (1989) afirma: “Es él quien integra en definitiva el conjunto del toreo, la arquitectura de la lidia, dando jerarquía al segundo tercio que hasta entonces venía siendo como ‘la cenicienta’ del espectáculo, un intermedio abandonado”. Esto sucedió a partir del 19 de abril de 1858 cuando El Gordito ejecutó el quiebro a cuerpo limpio, por primera vez en una plaza de toros, en Sevilla.

 

Antonio Carmona "El Gordito" (La Lidia, 20 de abril 1885)
 

Cúchares y El Gordito fueron innovadores, creativos y artistas. Ambos rompieron con las ortodoxias de su tiempo y le dieron a la fiesta un impulso que permitió el desarrollo de la faena moderna. Antonio Carmona enriqueció el toreo con una suerte nueva, el quiebro que asombró por la facilidad y la frialdad con que engañaba a la fiera (Morente, 2011). La faena actual es primordialmente una faena de muleta, por eso es correcto llamarle a nuestro espectáculo favorito “el arte de Cúchares”.

A falta de imágenes tanto de Cúchares como de El Gordito, los dejamos con un espectacular par de banderillas al quiebro de Gallito, quien recibió consejos precisamente de Antonio Carmona “El Gordito”:

 

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