08, Jun 2018

Paco Stanley, 19 años de impunidad al estilo Carrancá

EL AUTOR

Enrique Núñez

Ayer se cumplieron 19 años del homicidio de Paco Stanley. El caso que conmocionó al país en 1999 sigue sin cumplir con un principio básico del derecho: El esclarecimiento de los hechos.

Y así, sin tener claridad de cómo asesinaron al conductor en el restaurante El Charco de Las Ranas, cuatro personas pasaron de testigos a acusados, en tan solo mes y medio.

Casi tres meses después de lunes sangriento y en medio de un reclamo por la violencia desatada en el Distrito Federal, a Mario Bezares, Erasmo Pérez Garnica, que era conocido como “El Cholo”, Paola Durante Ochoa, edecán uruguaya del programa y José Luis Martínez se les dictó el auto de formal prisión por el delito de homicidio calificado.

Sí, leyó usted bien, les acusaron de homicidio sin tener la certeza de cuál había sido la participación de cada uno de estos personajes en el momento en el cual sujetos ingresaron al restaurante de Periférico Sur, abrieron fuego y mataron a Paco Stanley.

A todas luces el proceso estaba viciado, los abogados defensores siempre lo denunciaron. Hoy en día, casi dos décadas después aún no se tiene claro ni siquiera cuál fue el móvil del asesinato.

Hay versiones que apuntan a un ajuste de cuentas, o que la muerte del comunicador tendría que ver con una deuda por el consumo de cocaína.

Otras aseguran que el asesinato fue un tema pasional, versión que cobró fuerza en 2012 cuando la esposa de Mario Bezares, Brenda, reveló en su libro Demasiado Fuerte que sufrió durante varios años el acoso sexual de Stanley.

Otra hipótesis rumoró que Paco Stanley era un miembro de un famoso cártel, incluso se circuló que el comediante pertenecía al Cártel de Juárez, de acuerdo con un informante de la Administración para el Control de Drogas (DEA).

Nada se ha comprobado.

Lo cierto es que durante casi 700 días, 4 personas compurgaron una pena para que al final, y ante el cúmulo de errores, salieran libres, claro con la vida y la reputación destrozadas.

En todo este enredo, por si usted lo había olvidado, hay un personaje que continúa sin responder por su pésima actuación —de entonces y ahora—, el flamante fiscal de Puebla, Víctor Carrancá.

Sí, por el escritorio de Carrancá pasó el caso Stanley. En 1999, él era Subprocurador “C” de procedimientos penales de la PGJDF y fue el encargado, entre otras cosas de arraigar, encarcelar y mantener tras las rejas a 4 personas durante 2 años pese que al final, como ya lo dije, no pudieron demostrar la presunta responsabilidad de los acusados y los dejaron libres con un simple “usted disculpe”.

Y lo más grave, no es la falta de la resolución del caso sino que los verdaderos asesinos de una persona, gozaron de plena libertado quizá, de protección. 

Ahora nos queda claro que la fabricación de pruebas, los montajes, el pasarse por el arco del triunfo las leyes y el meter a la gente a la cárcel sin sustento, son prácticas que nuestro flamante fiscal ha cometido desde hace casi dos décadas.

El caso Stanley, se suma a una larga lista, de la que le he dado cuenta, de los abusos del poder que Víctor Carrancá ha cometido a su paso por las diferentes corporaciones tanto en el Distrito Federal, como en el Estado de México y claro, en Puebla.

La desinformación tricolor

Me sorprendió que fuera Enrique Doger, quien levantara la voz por una supuesta desatención a los candidatos ante las condiciones de inseguridad que vive el estado.

Y digo que me sorprendió, porque a Doger Guerrero se le olvida que desde antes de que arrancaran las campañas, fue él el primer candidato en adherirse al protocolo de protección, que puso el estado a disposición de todo aspirante que así lo solicite.

Después de esto, apareció ante los medios a decir que consideraba insuficientes y tardías las reuniones de las autoridades con las dirigencias partidistas para revisar y fortalecer las medidas de seguridad durante las campañas.

Para su mala suerte, hay testimonios que apuntan a que también su dirigente estatal se ha reunido con el gabinete de seguridad sin que nadie le haya dicho nada o invitado.

Una de dos. O sus acusaciones obedecen a una mezcla de amnesia con desinformación o lo hace por simple deporte.

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