15, Jun 2018

La elección, la continuación de la guerra

EL AUTOR

Rafael Alfaro Izarraraz

La elección presidencial es la continuación de la guerra, pero a través de otros medios. Es un medio de quienes  ocupan la parte alta de la escala social en contra de los que se encuentran en la parte baja.

De ahí que hayamos visto una intensa participación de los capitanes de las empresas más importantes de México, así como del exterior. Les preocupa que gane López Obrador. No por López Obrador mismo sino por lo que simboliza.

Qué simboliza AMLO: la desesperación de millones de personas, hombres y mujeres, que han vivido en las últimas décadas la más dramática ofensiva contra los pobres que, como lo dijo el papa: se ha convertido a los trabajadores en desechos humanos.

No se trata como da a entender Bauman, con respecto a los desechos humanos, de un sector de la periferia social; no, se trata del centro de la sociedad que se ha sido convertida en un desecho: la mayoría de ella.

En la etapa anterior al actual proceso electoral presidencial que converge con otras elecciones federales y locales, la guerra en contra de los clasificados como pobres consistió en bajar los niveles de vida de la población con el fin de recuperar las tasas de ganancia.

Mediante la desvalorización del salario, la eliminación de prestaciones sociales, la desaparición de instituciones del Estado, así como de la reorganización del Estado en torno a los intereses de una economía de mercado.

No ha sido la corrupción, como dice López Obrador, el mal del país. Existe una guerra en contra de la mayoría de la población a la que se le ha derrotado en pequeñas y grandes batallas: desde el muro hasta el traslado de las pensiones a los bancos.

El fondo sigue siendo la desigualdad que es provocada por lo que los economistas clásicos llaman la tendencia de los grupos pudientes por elevar la tasa de ganancia, a la que se ha sumado la versatilidad del capital que lo mismo utiliza la bolsa de valores que los préstamos a naciones o familias.

A la población se le trata de extraer hasta la última gota de sangre y el voto. Un Estado que a través de un gobierno equis invierte en los pobres es una amenaza para estos grupos, porque les impide hacer negocios con ellos. Y a los políticos utilizarlos en sus discursos.

La resistencia de López Obrador ha sido vista por este sector de la población como una opción para detener los atropellos a sus condiciones de vida. Las denuncias de Obrador contra la corrupción del sistema ha hecho mella entre la población desechada.

El problema es que lo que AMLO no ha querido ver es que la gravedad no está solamente en la corrupción (por ejemplo, en los contratos que se han celebrado con empresas que han ganado las licitaciones para la explotación de nuevos yacimientos), sino en el proceso apropiación por desposesión de los recursos de la Nación, como diría Harvey, que es tan y tal vez más grave que la asignación de contratos mediante triquiñuelas.

La masa ve en AMLO la posibilidad de detener y resistir esa embestida bestial que trata de colocar a la población en la lógica de la evolución del más fuerte, eliminando, en esa lógica absurda, a los menos aptos.

Mientras que quienes ocupan la parte alta de la escala social, sobre todo los capitanes de la banca extranjera, miran con temor que se invierta en los “pobres” porque suponen la pérdida de enormes ganancias producto de que la miseria orilla a la población a vivir de préstamos chiquitos y no tan chiquitos, vivir de prestado, de compras a meses sin intereses, de empeños, porque eso los ata al capital financiero y laboral, los hace más dóciles.

Mientras que Obrador ha ido atemperando su discurso, contradictoriamente, la masa cada vez lo ve como un aliado de sus esfuerzos por resistir la embestida de quienes ocupan la parte alta de la escala social.

Las elecciones son un escenario en el que se reedita la guerra entre quienes ocupan la parte alta y baja de la escala social. El discurso de AMLO sobre la corrupción toca un aspecto fundamental de esta guerra: el uso de las élites del Estado como garantía de su reproducción.

Sin embargo, la corrupción es solamente la manera en cómo se manifiesta la guerra, la guerra es algo que va más allá de la corrupción.

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