02, Ago 2018

Los pases del toreo a la mexicana predominan por su belleza

EL AUTOR

José Alberto Vázquez Benítez

El Trincherazo o Pase de Trinchera suele darse al inicio de una faena, con la muleta muy bien cuadrada, “muy bien planchaa”, rezan los cánones, su objetivo es dominar al toro desde las primeras embestidas y mostrarle, dejarle bien claro, quien manda en el ruedo.

Debemos recordar que este pase de muleta cuya invención se remonta a los inicios mismos del toreo, hoy, como lo pregonamos en esta entrega, ha adquirido una belleza digna de admirarse.

“Jamás podremos ver un trincherazo verdadero en algún principiante, o torero falto de experiencia o presa del miedo”, por eso se considera obra de maestros, y precisamente el maestro Enrique Ponce afirma: “me gusta darlo, sobre todo para empezar una nueva tanda, aunque alguna vez lo hago también para acabar, como remate de una serie”.

Y aunque ya desde el más clásico de los textos de Tauromaquia el muy famoso Cosió se menciona este pase, su interpretación al estilo que dicta la Escuela Mexicana del Toreo, clase magistral dictada por Silverio Pérez y con mucho sentimiento que dio lugar  al pasodoble compuesto por el Flaco de oro Agustín Lara, cuando a Silverio le canta: Torero, torerazo…. ¡Monarca del Trincherazo!

La mano muy baja en el Pase de Trinchera le da un sabor muy especial y cuando las extremidades inferiores al darlo se mantienen verticales y muy juntas el pase cambia de nombre y se conoce como de trincherilla.

La interpretación que se hace actualmente, mucho tiene del toreo a la mexicana, aunque son ahora, los maestros hispanos quienes le interpretan a muy altos niveles de belleza. “Aquí —en la Trincherilla—, el toro va menos toreado y tiene que ser un muletazo, más entre el desprecio y arrogante…”,  sentencia Ponce.

“Lo suelo hacer para iniciar una nueva tanda y lo bonito es que el toro venga arrancado”, recalca el maestro.

Y como un testimonio gráfico de la prevalecía del toreo muy mexicano, incluimos aquí la nueva versión impuesta por Ale Talavante de La Arrucina.

¡Ta ra taaa…! Cambió de tercio…

Presentamos ahora algunas cosas que ya no se usan, que han caído en desuso, (Foto 4) fuera de costumbre: en primer lugar el tamaño, la agudeza de los pitones, luego los pies del rehiletero con las plantillas de las zapatillas perfectamente asentadas en el albero, bien, bien puestas en el suelo, el par perfectamente igualado y en todo lo alto, para ello, la foto es de apenas el año 2013, en la plaza “Las Ventas” y el banderillero David Adalid, auténticamente vestido de plata. Para ello; para que se cumpla el dictado de estas distancias el reglamento señala una longitud de los palos de 68 centímetros, más los 6 de la parte externa la que se clava del arpón. Pero, hoy lo de moda, es volar, pegar brincos y espectaculares saltos,  lo que buscan y logran es eso: la espectacularidad, sin importar como queden colocados los palos y en qué lugar de la anatomía del toro caigan…Total… ¡Todo es toro! Y, eso de ponerse los pitones, como asomándose a un balcón…eso… ¡Ya no se usa!

FOTOS:

FOTO  1.- En la muy taurina Plaza de Azpeitia, trincherazos de Paco Ureña. (Fotos Alberto de Jesús)

FOTO 2.- Tal como reza el texto: “con los pies muy juntos y rectos el pase se convierte en Trincherilla”.

FOTO 3.- Ya convertida en un clásico La Arrucina de Ale Talavante. Santander.

FOTO 4. – Un par de banderillas de los de antes, con mucha verdad, sin pirotecnia de acrobacias. (Foto: El País)

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