17, Sep 2018

Son unos niños

EL AUTOR

Miguel Caballero

Cuando a finales del año pasado, durante mi corta pero maravillosa estancia en el Puebla me encomendaron la misión de seguirle los pasos a la categoría Sub-20, me sentí sumamente afortunado.

Tal vez por la influencia del Pep, (mi padre, de quien leerán muy a menudo en estas líneas y quien dedicó muchos años de su vida a dirigir equipos juveniles), crecí con la idea —la sostengo—, de que el verdadero futbol, en lugar de reflectores, se juega entre bromas bobas, cambios de voz, acné y entrenamientos a la salida de la escuela.

En noviembre, debimos viajar a Guadalajara. El equipo había conquistado los primeros lugares de la tabla, recibiría el partido definitivo en el Cuauhtémoc, y la afrenta en Verde Valle era el primer paso para seguir soñando con un posible campeonato. La atropellada anotación de Vladimir Loroña decretaba el empate y, también, convertía ese gol de visitante en un arma infalible como criterio de desempate global, en caso de ser necesario. Lamentablemente, no lo fue.

Meses después, en el primer partido de este torneo, hubo una jugada que pudo definir, si no la trayectoria, sí el futuro inmediato de este chamaco: una impecable barrida dentro del área, ajena a los nervios que habitualmente significa romper el cascarón profesional, redondeaba su ilusionante debut. Pero gracias a un grotesco error arbitral, aquel acierto fue el verdugo que sentenció una escandalosa derrota.

Sin embargo, si algo define a El Loro, como es conocido entre sus compañeros, es la determinación. Basta con escucharlo cuando se enfrenta a las cámaras, o con entrar a su cuenta de Twitter y analizar la frase fijada en su perfil: “El mundo puede estar lleno de gente más inteligente, capaz o talentosa que usted, pero usted debe asegurarse de ser el más perseverante y el más enfocado.”

En el duelo ante Monterrey, a miles de metros de su área y tras dejar en la lona a Rodolfo Pizarro, robó la pelota que encendió la mecha para el agónico triunfo de La Franja; ante Querétaro, en completa soledad y con un certero remate de cabeza, Vladimir subió otro peldaño en su imberbe, pero prometedora carrera.

Con sus contadas excepciones, en el futbol mexicano existe una crisis en proyectos de formación. Los casos de éxito son aislados. Sería una maravillosa noticia el no escatimar esfuerzos en aquellos que cumplen el sueño de perder la virginidad en la máxima categoría, tanto en Puebla como otros lados.

Basta con verles la manera de frotarse las manos cuando dan su primera entrevista y la sonrisa al festejar un gol.

Son unos niños.

Foto, Agencia Enfoque

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