27, Sep 2018

… según lo veas…

EL AUTOR

Oscar De Juambelz

Es como para pensarlo: los dos habíamos ido al campo y acampamos bajo el mismo roble. Por la noche, él me dijo que, ésa, había sido una experiencia maravillosa. Él había gozado del color y la suavidad del musgo, del aire, de los árboles, del canto de los pájaros, de las formas de las nubes y de unas florecitas blancas que yo no vi jamás.

Le comenté que me había parecido una experiencia de locos: habían latas de cerveza tiradas por ahí, me sacaba de quicio la música grupera que escuchaba a lo lejos y me daba pavor tropezarme con cualquiera de las piedras picudas que habían en el lugar.

Lo curioso fue que los dos habíamos ido al mismo lugar, habíamos andado por el mismo camino. Entonces, ¿por qué experimentamos emociones tan distintas de una misma experiencia?, le pregunté.

—No sé por qué, pero recuerdo que mi abuelo me decía: pon tus emociones en lo bello, lo desagradable hazlo a un lado. Siempre hay algo “bonito” aún en lo más desagradable. Fija tu atención en lo hermoso, nunca en lo feo, ni siquiera lo comentes. Cuando te acostumbras a darle más atención a lo feo, a lo criticable, tu “cuerpo emocional” acabará por enfermarse y ponerse” feo”.

Años después nos volvimos a ver. Mi “cuate” seguía tan sano como el día, en que muchos años atrás, habíamos acampado en el monte. Él se mantenía joven y jovial, y yo ya estaba físicamente hecho “pinole”. Me habían quitado la vesícula, el azúcar estaba fuera de control y la circulación de la sangre era un desastre, además padecía agruras todo el tiempo.

Tus achaques han de ser cuestión genética, me comentó. Obviamente, me di cuenta que yo estaba hecho pedazos no por “cuestión genética” sino por la forma tan diferente que teníamos de vivir las emociones.

Efectivamente, la mayoría de los seres humanos ponemos nuestra atención y nuestras emociones en lo desagradable de todo cuanto nos rodea, rara vez ponemos nuestra atención y emociones en lo “bonito”, en lo bueno. Es lógico que el cuerpo que habitamos también acabe mal. Nuestro “cuerpo emocional” terminará por lastimar a nuestro “cuerpo” físico.

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