02, Oct 2018

El 68, una lectura indispensable para comprendernos ahora

EL AUTOR

Rafael Alfaro Izarraraz

¿Cómo ha ocurrido que en la “era dorada del capitalismo” los estudiantes se levantaron en su contra?  

Se había convertido a la sociedad occidental en una “sociedad de consumo” y se habían mejorado las prestaciones sociales y creado instituciones para lisonjear a la clase obrera. Lo que a la postre trajo como consecuencia una caída de la tasa de ganancia pero que, en ese momento, sirvió para proteger a la sociedad del comunismo.

Los trabajadores alemanes, dice Beck (la sociedad del riesgo), contaban con salarios suficientes para poseer una vivienda, un auto, una nevera, aparatos electrodomésticos, vacaciones y una suscripción en algún club social. El salario se había multiplicado en los últimos cien años. Condición similar había ocurrido en otras naciones.

En México, para evitar el virus que “venía”, además, del “mal ejemplo cubano” (del campo a la ciudad), se impulsó una fuerte inversión en el campo así como entre las capas de la sociedad agraria proclives a levantamientos, pero fundamentales para la estabilidad del sistema: cañeros y áreas habitadas por comunidades prehispánicas, ahora convertidas en productoras de café.

Las invasiones rusas a otras naciones del bloque, así como movimientos de trabajadores en Bélgica (19619), Grecia (1965), Francia (1967) e Italia, fueron sus antecedentes. En México también ocurrieron avisos que no fueron atendidos oportunamente. Movimientos de ferrocarrileros, magisteriales y médicos, le precedieron al 68 mexicano.

Las causas de aquel formidable levantamiento estudiantil tuvieron como epicentro varias universidades de los llamados países capitalistas avanzados y que, como pólvora, se expandió por todo el mundo, incluido México, y a los mismos países del bloque soviético, con sus peculiaridades.

Lo que se deduce, es que existía en la sociedad un malestar social, y nadie como Stanley Kubrick para reseñarlo a través de su obra cinematográfica, hasta que perdió la vida de manera todavía misteriosa. La sociedad carecía de instrumentos para tratar la inconformidad juvenil, cuyas prácticas no tenían cabida en regímenes construidos para evitar el virus comunista.

Las prácticas de la lobotomía y los paradigmas biológicos cayeron en el más absoluto desprestigio, debido a los desafortunados resultados y a la conciencia crítica que empezó a surgir en los centros educativos de todo el mundo. No era posible tratar asuntos sociales con instrumentos “teóricos” de corte psiquiátrico o biológico.

 

La llamada “sociedad del bienestar”

La confianza que en las sociedades industriales del norte de Europa había alcanzado la también llamada “sociedad del bienestar” llevó a que los gobernantes (algunos socialdemócratas) a suponer que podrían hacer del Estado el regulador de la vida económica, social y cultural. Lo anterior, puso en alerta a las élites que había sacrificado sus ganancias en pro de evitar al comunismo.

Retomar el camino de la recuperación de las tasas de ganancia se convirtió en una necesidad de vida o muerte para la sociedad industrial. Iniciar el regreso a una situación previa a la posguerra, implicaba mantener a raya al bloque socialista, así como terminar con la sociedad de bienestar y librar duras batallas con quienes se resistirían a tales medidas.

Antes de que Reagan y Tatcher construyeran un bloque mundial para dar la batalla en el mundo de manera abierta, ya se había empezado a construir los fundamentos de la globalización y el libre mercado.

La tercera revolución industrial (los sistemas computarizados y la robótica, aunado a la biotecnología de finales de la década de los noventa), poco a poco fue creando un ambiente que ahora afecta a miles de millones, el desempleo.

A finales de la década de los sesenta el sistema industrial en pleno procesos de cambio y transformación, había hecho imposible incorporar en su totalidad a millones de estudiantes a los tradicionales sistemas de ascenso social.

Seis millones de estudiantes norteamericanos, dos y medio en Europa occidental y casi medio millón en Japón. Asimismo, 20 por ciento de la población de los ghettos de la población de color, estaba desocupada en los Estados Unidos (Mandel, http://www.sinpermiso.info/textos/cincuentenario-del-68-del-levantamiento-contra-la-universidad-burguesa-hacia-el-levantamiento-contra)

La población estudiantil no entendía una situación que la sociedad del bienestar les había ofrecido: un futuro promisorio, mejor que el de los países del bloque, pero que ahora no habría condiciones para cumplir.

El “capitalismo tardío” (Gilly en: https://www.nexos.com.mx/?p=7640) modificaría rotundamente a la sociedad de la posguerra. Y eso también afectaría a la estructura de las universidades, ahora serían menos humanistas y más productoras de profesionistas.

En México, un asunto intrascendente, pero que trascendió sobre un barril de pólvora social, desató uno de los movimientos sociales más significativos de la historia del México moderno:

“Alumnos de las Vocacionales 5 y 2 del Instituto Politécnico Nacional lapidaron ayer la escuela secundaria Isaac Ochoterena, ubicada en la esquina de Lucerna y Versalles... El resultado de la batalla campal fue de una docena de golpeados y daños por siete mil doscientos pesos” (en: https://www.huffingtonpost.com.mx/2018/07/23/como-inicio-el-movimiento-estudiantil-de-1968-todo-empezo-en-el-centro_a_23487735/).

Si para comprender nuestro presente hace falta en nuestra memoria un movimiento social, ese es el del 68.

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