26, Oct 2018

El rey de los millennials

EL AUTOR

José Antonio Luna

 

A reserva de que un malavibra escriba llamándome reportero de revista del corazón, correré el riesgo en esta actividad al elegir éste tema para el artículo semanal. Dudando si hablar del retiro de Talavante, la mira de los cañones la dirijo hacia la falta de tacto al anunciarlo por redes sociales, la frase en tercera persona y haberlo hecho el mismo día en que Juan José Padilla se despedía de la afición zaragozana. Puedo también, tirar derrotes sañudos a los líderes neoliberales de la tauromaquia que con sus millones y su inmoralidad se han apoderado de ella para matarla.

A saltos de portal en portal taurino y en ellos, de noticia en noticia, doy con la de que Andrés Roca Rey aparece en  un reportaje de la revista Vanity Fair titulado  “El torero Rey de los Millennials”. Aquí hay tela, me digo y por el lado amable. Lo primero que me salta a la vista es el ingenioso juego de palabras con el apellido del espada y el encabezado, se rompieron la cabeza con las toneladas de imaginación gastadas en titularlo.

Un torero se convierte en rockstar o en modelo famoso nada más aparece en una revista de modas o anunciando una loción o ropa. Soy profesor universitario y lo sé de primera mano, las estudiantes se vuelven locas y a veces, también, uno que otro estudiante. Así que en clase, de vez en cuando, si el tema adelanta el trapo y da tantita luz para colarme, pongo el video de una faena y les hablo dos minutos de los valores humanistas, éticos, estéticos y ecológicos del toreo.

No me contengo, es que el hombre puede resistirlo todo, menos la tentación, además, mi asignatura se llama Persona e identidad mexicana,  y por aquello del mestizaje y del sincretismo, me da pie para remitirme a lo que nuestros ancestros españoles trajeron en los galeones y desde luego, entre otras cosas, en ellos venía el toreo.

La tarde de los quites brindada por Joselito y Enrique Ponce los deja pensando cosas como que, entre lo que les cuentan de la tauromaquia y la realidad, media un océano. Las verónicas de Morante en Sevilla les hacen vislumbrar que en el ruedo más que una carnicería, se da un recital de estética. La obediencia de “Merlín”, el caballo de Pablo Hermoso, los lleva a reconocer que los seres humanos y los equinos hemos pactado una sentida alianza de lealtad. Sin embargo, no todos los alumnos se convencen y sólo algunas y algunos –todavía me quedan diez neuronas para no poner algunes-  sueltan un: Profe, cuando vaya a una corrida llévenos. Me la pienso para no desengañarlos, porque entre lo que han mirado en Madrid vía el video y lo que pueden ver por estos rumbos, median, no un océano, sino los siete mares. Pero, si vislumbro una posibilidad, desde luego que los llevo conmigo.

Por todo ello sé que cosas como el comercial de Cayetano promocionando la marca de perfumes Loewe, el de José María Manzanares anunciando la ropa de Dolce&Gabanna y otros, son contundentes en el arrastre juvenil. Lo de Roca Rey en Vanity Fair tendrá lo suyo y eso me da gusto. Los jóvenes tienen derecho a ver en persona uno de los espectáculos más bellos del mundo y juzgar si se vuelven adeptos, enemigos o indiferentes a las corridas de toros, y no a ser influenciados por tonteras de políticos ignorantes y sin escrúpulos.

 

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