Crónica: El primer y
último maratón

Dulce Fernanda
28, Oct 2018 a las 19:27

Foto: Agencia Enfoque

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Crónica: El primer y último maratón

Dulce Fernanda 28, Oct 2018 a las 19:27

No corres para ganarles: Lo haces para vencer el “no puedo”. 


Retumba en la mente “Qué estoy haciendo aquí, no puedo más, quiero irme a casa”, las piernas flaquean, la vista se torna borrosa, la necesidad de consumir agua o azúcar va en aumento y a lo lejos se observa una cuesta. Una y otra vez en tu mente suena “ya no más”, volteas a todos lados, pero sólo eres tú contra el resto del camino. 

Tras cientos de kilómetros de entrenamiento, recorrer la ciudad es el “mero trámite” para recoger esa, la tan anhelada medalla, pero las rodillas duelen, los ánimos comenzaron a decaer hace un par de metros. Apenas vas en el kilómetro 27, tomas una bocanada de aire; miras hacia adelante y piensas qué tan difícil es poner un pie delante del otro durante 42 kilómetros 195 metros. 

A la mente llegan los cuatro meses de entrenamientos, de dieta, de preparación física, emocional y mental. Todo se redujo a cero en el momento que arribaste al corral de salida, luego del banderazo inicial, el cuerpo sale disparado; “no te quemes tan pronto, raciona tu fuerza”, te repites una y otra vez.

Recuerdas entonces las primeras horas de ese día, el estómago hacia ruidos extraños, entraste al baño unas cinco veces, despertaste incuso antes de que sonara la alarma a las cinco de la mañana, “No tenemos que hacerlo” mirabas el espejo mientras lo repetías en voz baja, revisaste las provisiones cientos de veces; gel, gomitas, rollo, audífonos, dorsal.

Continuaste el trayecto y sientes entonces un dolor en  la cadera y los pies están hinchados, el malestar interrumpe tú ritmo, piensas en detenerte. Llegaste por fin al kilómetro 35, entraste al punto en el que las piernas se mueven solas y es momento de que la mente y la voluntad hagan el resto. 

Sigues avanzando, vuelves a tomar aire, tomas electrolitos de un puesto de abastecimiento, escuchas a lo lejos algunas porras de gente que se reunió desde muy temprano para apoyar. Escuchas pero no entiendes qué quieren decir, la pierna derecha comienza a darte problemas y bajas la velocidad mientas tu mente empieza a hacer de las suyas e impide que continúes.

Sientes que vas a desmayarte, sientes que nada ha valido la pena, no fuiste hecho para algo así. En la cabeza suena una voz que te repite a cada paso “lo mejor sería rendirse”. Eres tú contra la adversidad y los últimos cuatro kilómetros, las mejillas se llenan de lágrimas y no entiendes por qué las piernas dejan de responder y simplemente te detienes mientras otros corredores comienzan a dejarte atrás.

Reúnes las últimas fuerzas, piensas en cada una de las personas que son importantes para ti, inhalas... exhalas y vuelves a poner un pie frente a otro, poco a poco te abres paso entre el resto de los corredores, no corres para ganarles: Lo haces para vencer el “no puedo”. 

Casi sin notarlo restan sólo 195 metros, unos cuantos pasos; “ya llegaste”, vuelves a escuchar en la cabeza, el corazón se acelera, comienzas a sonreír, entre la vista nublada por las lágrimas, cruzas el arco de llegada, todo terminó, eres otra persona, el cuerpo destrozado, el ánimo hasta el tope, aseguras que no volverías a hacerlo, pero sabes que ahí estarás el próximo año. 

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