Con la celebración católica del Domingo de Ramos, tradición que recuerda la entrada de Jesús entra a Jerusalén para dar su vida a fin de redimir los pecados, iniciamos la Semana Santa, en la que se recuerda "el triunfo del amor". Por eso, san Andrés de Creta exhorta: "salgamos al encuentro de Cristo... (y) aclamémoslo".

En la tradición católica, ?âl ha sido enviado con la fuerza del Espíritu Santo para librar del pecado y de la muerte ‚Äîque entraron en el mundo a causa del pecado cometido por nuestros primeros padres‚Äî, y hacernos hijos de Dios, partícipes de su vida plena y eternamente feliz, que consiste en amar.

Jesús, que al nacer de la Virgen María se "agachó" hasta nosotros, nos enseña que la vida encuentra sentido y plenitud sólo cuando se ama, incluso a los que nos hacen daño. ?âl fue traicionado por un amigo y abandonado por sus íntimos. Fue calumniado, humillado, golpeado, azotado, coronado de espinas e injustamente condenado. Despojado, conoció la peor de las crisis económicas. Clavado, experimentó la enfermedad. Vio sufrir junto a ?âl a su Madre Santísima. Y mirando cercana la muerte, se sintió abandonado incluso por Dios.

Sin embargo, no dejó que las circunstancias le arrebataran su identidad; siguió confiando en Dios y amándonos, hasta rogar: "Padre, perdónalos porque no saben lo que hacen". No se dejó vencer por el mal, sino que venció al mal con el bien: salvó al ladrón arrepentido y nos regaló por Madre a María. Fue tal su testimonio de fe, esperanza y amor, que el centurión exclamó: "Verdaderamente este hombre era justo".