Tras la misa de la instauración de la eucaristía, miles de católicos poblanos cumplieron con la tradición de la visita a las siete casas, con una mezcla de fe, convivencia y el comercio a las afueras de los templos.

Ayer, en Jueves Santo se cumplió con la tradición de visitar los siete templos, acompañando espiritualmente a Jesús en su Pasión, desde Getsemaní a casa de Anás, de Caifás, de Pilato, de Herodes a Pilato, y de ahí al Calvario. Al parecer, se dice que esta tradición nació en Roma en el siglo XVI con San Felipe Neri.

En la capital los católicos poblanos caminaron principalmente por el Centro Histórico para llegar a los siete templos, en algunos como La Concepción se tenía que hacer fila, lo mismo que en el templo de Santa Mónica, donde se venera al Señor de las Maravillas.

Durante un recorrido se vio gente humilde, al desempleado y gran cantidad de jóvenes en los templos cumpliendo con la tradición, pero además, pese a los problemas no les faltaba por lo menos una moneda de un peso o 50 centavos para depositarla en alguna de las alcancías de las iglesias que visitaron.

Mientras en los oficios del Jueves Santo, el arzobispo Víctor Sánchez Espinoza, al oficiar la misa La Última Cena, donde cerraron las puertas de la catedral a fin de que los fieles que asistieron a la ceremonia tuvieran la oportunidad de meditar, comentó que esta celebración forma parte del Viernes Santo, es cuando se inicia la Pasión de Jesús.

El arzobispo indicó: "recordamos, actualizamos y vivimos la Última Cena, donde Jesús nos mostró el camino de la verdadera, plena y eterna felicidad, dándonos el mandamiento del amor; instituyó el sacramento de la Eucarística y ordenó sacerdotes a sus apóstoles, haciéndolos partícipes de su sacerdocio único y eterno para que fueran presencia y prolongación de su vida y de su acción.

"La Eucaristía, en la que se contiene y se ofrece el propio Jesús como alimento, es la actualización de la salvación que realizó con su encarnación, su vida, su pasión, su muerte y su resurrección, por la cual nos une a Dios y a toda la Iglesia, nos da la fuerza de su amor para ser constructores de unidad en nuestra familia y en la sociedad, y la esperanza de alcanzar la vida eterna y de resucitar con él."

Al terminar la misa se realizó una procesión con el santísimo sacramento hasta el lugar de la reserva, para adorarlo en recuerdo de la agonía del Señor en el huerto de Getsemaní, e indicó: "quienes en gracia de Dios rezan el Tantum Ergo en la procesión o permanecen media hora adorando al Santísimo Sacramento, pueden recibir la indulgencia plenaria si comulgaron en la misa y rezan un Padre Nuestro y un Ave María por las intenciones del papa."