El cofundador de Apple, Steve Jobs, es uno de los inventores del mundo actual, célebre como pocos lo han sido pues con su trabajo cambió el mundo y transformó la vida de millones de personas en el planeta, destacó hoy el periódico francés Le Monde.

En su editorial “De la Mac al iPad, la imaginación del poder”, el diario rindió este jueves un homenaje a Jobs, cuyo deceso la noche del miércoles a los 56 años, causó un frenesí de reacciones oficiales y anónimas, aún más que si se hubiese tratado de una estrella de rock.

Hasta en China, donde se contabilizaron cerca de 35 millones de microblogs a su memoria sobre Sina Weibo, el equivalente chino de Twitter, refirió.

El ingenio de este estadunidense fue controlar la tecnología para hacerlo entrar en nuestras vidas, ya que mientras se lanzaban numerosos grupos informáticos, Jobs tuvo la proeza técnica y la obsesión de crear productos simples y útiles, subrayó.

Apple no inventó al ratón, pero tuvo la idea de lanzar un ordenador -Macintosh en este caso- con este tipo de hardware en 1984, tampoco creó los walkman, ni la música en internet, pero el lanzamiento en 2001 de iPod y iTunes en 2001 captaron a las generaciones.

El internet móvil, las pantallas táctiles y los servicios en línea existían ya, pero es la empresa californiana que, con el iPhone en 2007; el App Store en 2008; y luego el iPad en 2010, volvió accesible este universo para todo el mundo.

Steve Jobs, quien a los 21 años y sin un título superior en el bolsillo creó Apple en 1976 con su amigo de origen polaco Esteban Wozniak, marcó tantas fechas con grandes invenciones que permanecerán en la historia de la industria.

Antes de ser una “estrella mundializada”, fue un “dueño mundializado”, pues utilizó sin límites las ventajas de la globalización. El subcontratista taiwanés Foxconn, cuyas fábricas establecidas en China fabrican el iPhone y el iPad, es uno de los instrumentos de este éxito.

En medio de todos estos triunfos los asalariados de Foxconn, e incluso los de Apple, saben algo: las exigencias, a veces demenciales, de Jobs no causaron nunca daños sociales. “Nos quitamos el sombrero”, concluyó.