Jóvenes y mujeres de Puebla Laica entonaron el Himno nacional mientras diputados de la maquinaria estatal PRI-PAN votaban a favor de la reforma al artículo 24 de la Carta Magna.

El Congreso del estado se encendió.

Los opositores a la reforma al 24 les gritaron “vendidos” a los diputados del PRI y el PAN.

Con estoicismo legislativo, sumidos en sus curules en un clima de tensión, los diputados “acuerparon” las imprecaciones.

Algunas monedas llovieron sobre los diputados:

“¡Vendidos!”, reclamaron jóvenes con encendido ánimo.

A flor de piel las emociones, una joven lloró al enterarse de la aprobación de la reforma.

El diputado Jesús Morales, del Partido Verde, cruzó el pleno para pedirles infructuosamente a los inconformes mesura y respeto.

Pero el exhorto reactivó la animadversión.

A pesar de que en los muros del Poder Legislativo cuelgan los nombres algunos próceres del laicismo, luego de casi un año los diputados aprobaron la reforma al artículo 24 constitucional.

El cambio de gobierno animó a los diputados del PRI a aprobar la reforma.

Para los promotores de la reforma se trató de una defensa de los derechos religiosos.

Con claridad el diputado del PAN Juan Carlos Espina von Roehrich, plantó los argumentos a favor de la reforma que a juicio del diputado reconocen la libertad de religión, la libertad de conciencia y la libertad de convicciones éticas.

“El derecho a las convicciones éticas que se propone debe ser entendido como la posibilidad de que cualquier persona tenga su propia cosmovisión y entienda de la forma que quiera su papel en el mundo. Con este derecho se asegura que a pesar de que una persona no profese religión alguna, sus creencias filosóficas encuentren protección frente a terceros y aún frente al Estado.”

La reforma a favor de la libertad religiosa, inscrita en el imaginario blanquiazul, contó con el aval priista.
Ya con un auditorio en su contra, el diputado del PRI Lauro Sánchez quiso invocar la modernidad para justificar la reforma y habló que la reforma favorece “la libertad de conciencia y la plena libertad ética civilizante”.

Sánchez intentó explicar que la reforma debe ser leída con atención por las posiciones del pensamiento liberal, con las adecuaciones complementarias a los artículos 40 y 24 constitucionales. Pero la rechifla y el encono de sus impugnadores desde la galería sometieron a Sánchez a una fuerte presión.

Para los detractores de la reforma constitucional, como el legislador de Movimiento Ciudadano José Juan Espinosa Torres. El diputado Héctor Alonso Granados (Panal) evidenció una nueva afrenta, irreversible, al Estado laico en ruinas, y quienes expusieron que la aprobación de la reforma significaría revivir pugnas religiosas superadas.

Al seguir el debate los ánimos se exaltaron en las galerías.

José Juan Espinosa colocó al frente de la tribuna cajas con las 60 mil firmas de rechazo a la reforma constitucional.

La aprobación de la reforma al artículo 24 constitucional prendió la sesión legislativa, tan anodina como de costumbre.

Pero en esta ocasión, sin estar sujetos a la línea de Casa Puebla, los diputados se enfrascaron en un acalorado debate.

Un tema pospuesto durante varios meses para su definición confrontó las posiciones entre los grupos conservadores y los liberales, como en los viejos tiempos.

Con nuevos nombres y etiquetas, los votos del conservadurismo de diputados del PRI y el PAN hicieron frente a una amalgama de votos provenientes del PRD, PT, Panal, Movimiento Ciudadano, un voto del PRI y otro de un diputado independiente.

La tensión sacudió la sesión. “Si Juárez viviera el Congreso resolviera”, se podía leer en una pancarta desplegada desde la galería por algunos jóvenes.

Con 10 votos en contra la mayoría legislativa coordinada por la dupla Salomón Escorza-Mario Riestra impulsaron la aprobación de la reforma al artículo 24.

Al legislador del PRI Lauro Sánchez, quien subió a tribuna a fijar la posición priista a favor de la reforma, el hecho de hallarse cerca de la galería ocasionó que fuera hostigado por los inconformes.

En el estacionamiento de la sede legislativa se hallaban policías estatales esperando intervenir.

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El diputado Mario Riestra Piña se levantó de su asiento. Molesto, el coordinador de la bancada panista tomó del suelo una moneda y la exhibió pidiendo respeto y solicitando la intervención del presidente de la mesa directiva.

Desde las galerías, algunos jóvenes y mujeres exhibían pancartas.

Las rechiflas se escucharon en la sede legislativa mientras se desarrollaba una intensa discusión
—¿Cuánto te dio el gobernador?— se escuchó en un sonoro reclamo.

El diputado priista Gerardo Mejía, secretario de la Comisión de Gobernación, discrepó de su bancada. El diputado, que había explicado a la dirigencia nacional de su partido hace algunas semanas que votaría en contra de la reforma, explicó que en la Comisión de Gobernación votó en abstención el dictamen de la reforma pero en el pleno la votó en contra externando que la misma es innecesaria y que su aprobación abre problemas y heridas cerradas.

Mejía planteó que la reforma abre las puertas a reformas subsecuentes en contra de la laicidad de la educación pública.