Una manita abollada, la pierna que se ha roto o el cuerpo completamente partido a la mitad, cualquier operación es posible y más tratándose de la venerada imagen del Niño Dios. 

Hace 40 días la angelical figura fue arrullada por la madrina para ser colocada en el pesebre. Entre las escasas colaciones y dulces que aún quedan bajo su “espaldita”, ha llegado la hora de levantar nuevamente al Niño: es 2 de febrero, Fiesta de la Virgen de la Candelaria.

La comadre, quien acostó al Niño en Nochebuena, será la encargada de vestirle de gala. Pero antes “una manita de gato” no vendrá mal. Para eso hay decenas de humildes artesanos que con la paciencia de una hormiga y la habilidad de un restaurador llevan a cabo cualquier tipo de reparación. Inspirados por la misma fe que profesan, manejan herramientas y materiales: resanan abolladuras, moldean pequeños faltantes, pintan finos detalles. 

Ya por último elegir el traje: De Niño de las Suertes, Niño Limosnerito, Niño Mueve Corazones o Niño de la Paz.