Said Robles Casolco, miembro de la Escuela Nacional del Ingeniería del Tecnológico de Monterrey, enfatiza que la transferencia de tecnología de universidades a empresas es un proceso lento al que le falta desarrollo, muestra de ello es que, 90 por ciento de las patentes generadas en México son de empresas y científicos extranjeros y 10 por ciento son nacionales.

En opinión del también miembro del Sistema Nacional de Investigadores (SNI) nivel 1,  la vinculación entre universidades y empresas debe de fortalecerse en el país para tener más caso de éxito comercial, y si bien es cierto que debe haber investigación básica y no renunciar a ella, “en México debe avanzar la idea de que la investigación puede tener  un fin comercial”.

Por esta razón, el investigador fue parte de la “Academia de Transferencia y Comercialización de Tecnología para las Américas”, iniciativa de la Organización de los Estados Americanos (OEA), el Gobierno de Canadá y el Consejo Nacional de Ciencia y Tecnología (CONACYT), a la cual asistieron representantes de más de 20 países de México, Centro y Sudamérica.

El objetivo de esta iniciativa es formar recursos humanos de alto rendimiento para actividades de transferencia y comercialización de tecnologías, especialmente en las áreas de Propiedad Intelectual, Evaluación de Tecnologías, Plan de Negocios, Modelos de Negocios Tecnológicos, Comercialización de Tecnologías.

Este nuevo escenario para el profesor-investigador del Tec de Monterrey indica que hoy día el científico debe tener una visión más amplia, pues además de concebirse como un generador de conocimiento, también debe visualizarse como un precursor para generar nuevos productos, ideas de negocio y administrador de fondos de innovación tecnológica.

“Si consideramos que en México de las mil 179 solicitudes de patente que registra el Instituto Mexicano de la Propiedad Industrial, 77 por ciento corresponden a universidades públicas y 23 por ciento a privadas, no existen datos que indiquen cuántas son realmente comercializadas por parte de las instituciones de educación superior”, resalta Robles Casolco.

Por esta razón, para lograr que se produzcan más patentes y hacer que la investigación pueda ser comercializada; es preciso generar redes entre los investigadores, alumnos, incubadoras de empresas, oficinas de transferencia tecnológica y el sector económico productivo donde se localicen.  En sus palabras, “es necesaria una voluntad de innovación”.

Así mismo, propone seguir los casos de éxito de instituciones como la Universidad de California y el modelo israelí, los cuales han generado las conocidas “Spin Offs”, empresas que surgen a partir de las investigaciones y que cuentan con un equipo interdisciplinario para desarrollar la comercialización y marketing.

Esta visión para Puebla resulta preponderante, ya que ocupa junto con el estado de Jalisco la segunda posición en cuanto al número de Oficinas de Transferencia de Tecnología (OTT) en México. Actualmente existen más de 80 miembros en toda la República.

En el caso de la entidad poblana, cuenta con cinco Oficinas que son administradas por la Benemérita Universidad Autónoma de Puebla, Instituto Nacional de Astrofísica Óptica y Electrónica, Novomanía, Universidad Tecnológica de Puebla y el Tecnológico de Monterrey, Campus Puebla.

De esta forma, Robles Casolco menciona que el futuro comercial de la investigación debe centrarse en las actividades motoras y clusters donde se ubiquen las universidades y OTT’s, como el caso de Puebla con la Industria Automotriz.

Y es que hoy día las áreas tecnológicas donde las universidades privadas solicitan más patentes son las relacionadas con “artículos de uso y consumo”, los cuales son compuestos farmacéuticos, investigaciones médicas y veterinarias, así como artículos para higiene y cosméticos.

En segundo lugar se ubica el rubro de “técnicas industriales diversas”, en tercer lugar el área de “química  y metalurgia”, en la que destacan invenciones biotecnológicas, bioquímicas y anticuerpos.