Los panistas llegaron en camiones, se les entregaban banderas y unas mujeres jóvenes en tacones intentaban animar a un desgastado auditorio.
Aparecían las mantas de los panistas de San Andrés Cholula enfatizando que son un municipio panista.
“Ya va a venir, Ricardo Anaya. ¡A ver! ¿Cómo lo vamos a recibir?”, decían las mujeres en el templete.
En los alrededores del salón Serdán se encontraban los camiones que transportaban a los panistas. Las primeras sillas eran para la élite blanquiazul como Genoveva Huerta, Martha Erika Alonso, Fernando Rodríguez Doval, Santiago Creel, Mario Riestra y Juan Pablo Piña Kurczyn. En una segunda hilera algunos diputados locales y federales.   
Una banda de música de una escuela entonaba una suerte de música pegajosa preparándose para recibir al político panista. 
Las banderas ondeaban, estrategia para invisibilizar al auditorio del blanquiazul que pasó de ser el añejo partido yunquista de clase media y media alta para transformarse en el amasijo de “panistas de a pie”, a los que el opositor Corral ha considerado que “inflan” el padrón panista por estar afiliados en el PRI o en el PRD.
Lejos de los viejos panistas doctrinarios el auditorio estuvo conformado por el neopanismo que en el anonimato de lo popular reivindica el crecimiento de su partido en el poder. 


En su visita a Puebla, el político panista aprovechó para placearse, más como candidato a la dirigencia de la PAN, como un aspirante más del panismo a los Pinos. En dos pantallas, se proyectó un video de factura impecable donde se relata brevemente la biografía del político panista. 
El video explota la imagen del político a quien se le presenta como un padre devoto de su familia que se destaca por su amor a su esposa e hijos. Además, aparecen algunas tomas donde Anaya da un discurso de bienvenida al presidente de la república popular de China.
El político del blanquiazul aprovechó los reflectores de ser el orador central. Recorrió el escenario lo mismo citando a Gómez Morín que despotricando en contra del manejo de la economía del gobierno priista, aunque eso sí, se abstuvo de criticar al presidente, Enrique Peña Nieto, gesto de su institucionalidad aliancista, pero resaltó el leitmotiv del PRI “corrupto”. 
Sin rubor, y ocupando el escenario, Anaya se desplazó cómodamente prometiendo que el PAN sacará al PRI de los Pinos en el 2018, lo que le generó aplausos de la concurrencia, que pasó poco a poco del desgano pleno a una suerte de enfurecimiento súbito pero de corta duración con los lemas antipriistas de Anaya.
Sus aseveraciones futuristas: “Sacaremos al PRI de los Pinos” o “Seremos una oposición firme” y los señalamientos en contra del “PRI corrupto y corruptor”.
Pero el político del blanquiazul olvidó, a la hora de los discursos embarnecidos de antipriismo, explicar por qué su partido se alió con el PRI en el Pacto por México y aprobar las reformas impulsadas por el PRI, y porque en gobiernos panistas como el de Puebla, el principal aliado del gobierno estatal son los priistas de la cúpula.  
Para el candidato del PAN a la dirigencia estatal fue innecesaria tal explicación.
La cantilena del diputado federal se dirigió al 2018. Ricardo Anaya dijo que las opciones para el país serán un “PRI corrupto y corruptor” y “el populismo que lleva a la quiebra al país”. Fiel a su script, el legislador blanquiazul advirtió, como lo hicieron los calderonistas en el 2014, que México puede repetir las fallas económicas de lo que sucede en Venezuela.
Entre las dos opciones para el electorado, Anaya ofreció un “PAN ganador” y con “unidad”. Al lábil 
Los panistas esperaron casi hora y media al político del blanquiazul que cuenta con el respaldo de los gobernadores del PAN y la cúpula panista. 
El discurso del político panista encendió a sus seguidores. O al menos, las banderas ondeadas con el escudo del PAN. 
El político prometió que el PAN ganará la gubernatura de Puebla en el 2016 y que el PAN recuperará los Pinos en el 2018.
El diputado federal del blanquiazul también fue generoso y habló de la diputada federal, Genoveva Huerta, como una suerte de mujer de la cultura del esfuerzo que cuando era niña estudiaba, aprendió a tocar el violín y trabajaba para sostener a su mamá una mujer costurera.
El comentario del político panista ruborizó a la elite del banquiazul de la primera fila quizás en la añoranza del imaginario de algún capítulo de un melodrama del siglo pasado en la televisión abierta en un dejo que transcurrió entre la ternura histriónica y la ducha de populismo enternecedor.
Anaya presentó a Genoveva con beneplácito y para el gobernador de Puebla, Rafael Moreno Valle, también tuvo palabras de reconocimiento señalando que es un gobierno panista ejemplar.
El aspirante a la dirigencia también se refirió al alcalde de Puebla, Tony Gali Fayad, a quien elogió, a pesar de que éste no ha expresado que es militante panista y ha mantenido entre paréntesis cuidadoso su filiación política.
El político del blanquiazul elogió a Martha Erika Alonso de Moreno Valle quien seguía con atención las palabras del legislador federal, un guión apegado al futurismo que le proporcionan los reflectores de la gira nacional por la dirigencia panista.