Los panistas de cuño, históricos o tradicionales han sufrido diversos reveses en los últimos años una vez que se instauró el control político del morenovallismo en su partido político.
La lucha de los panistas doctrinarios por conservar el control político de su partido ha sido una batalla lenta, primero sosegada y después abierta donde el grupo panista en el poder ha impuesto su manera de hacer política.
Ni siquiera la agenda del PAN en el Congreso del estado representa los valores conservadores del panismo. Paradójicamente, durante el gobierno de Mario Marín Torres, de filiación priista, los panistas pudieron imponer, en alianza con el PRI, la denominada Ley de la Familia, que les permitió frenar la despenalización del aborto, en marzo del 2009. En esa etapa el entonces diputado, Eduardo Rivera Pérez, dirigía la bancada del PAN e impulsó la ley.
Pero fueron los propios panistas doctrinarios quienes le abrieron las puertas, en sus deseos de quitar al PRI del poder a como diera lugar, a la política de Rafael Moreno Valle en el PAN cuando lo hicieron candidato a la gubernatura en la interna panista derrotando a Ana Teresa Aranda en febrero del 2010.
El pacto entre los panistas doctrinarios y el ecléctico morenovallismo fue muy sencillo y cómodo: cederle al grupo doctrinario del PAN algunas candidaturas a diputaciones y cederles la postulación de su candidato a la alcaldía, Eduardo Rivera Pérez.

Poco a poco, los panistas doctrinarios —yunquistas, es decir, apegados a una clara idea de la moral pero al mismo tiempo forjados en la lucha contra el priismo hegemónico y autoritario pero capaces de negociar su agenda— fueron perdiendo espacios y batallas. El PAN había pasado de ser un partido en la oposición, que ocupaba una política de estira-afloja y acuerdos con el PRI, a ser un partido en el gobierno, en el poder.
El primer revés que tuvo el PAN en el 2011 fue la composición del gabinete. En los lugares más cercanos del círculo del poder estatal se designó a amigos del Moreno Valle, como el entonces secretario de gobierno, Fernando Manzanilla Prieto, expriista, integrante de Convergencia que pasó al panismo para alejarse del círculo en el poder; y a funcionarios tecnocrátas o hasta a personajes del PRI, como Ardelio Vargas Fosado, en la Secretaría de Seguridad Pública. En posiciones de ejercicio del poder como la Secretaría de Educación Pública se nombró a Luis Maldonado Venegas, exdirigente nacional de Convergencia.
Por si fuera poco, en el Congreso, durante su primer año de la legislatura de la alternancia, se designó al exdirigente magisterial, Guillermo Aréchiga Santamaría. La posición más importante que un panista del grupo doctrinario ocupó en la primera parte del sexenio fue la Comisión de Gobernación, que estuvo en manos de Juan Carlos Espina von Roehrich. Aunque se designó a dos secretarios de origen panista no fue en el primer círculo del poder. Se designó en el 2011 a Pablo Rodríguez Regordosa como Secretario de Economía y a Myriam Arabian Couttolenc en la Sedesol. Pero de los dos panistas, Arabian dejó el cargo luego de acusaciones políticas que enfrentó. Solamente Rodríguez Regordosa, quien había sido candidato del PAN a la alcaldía de Puebla en el 2004, permaneció en el gabinete hasta llegar a ocupar una diputación local.
Los panistas de viejo cuño se resguardaron en el ayuntamiento de Puebla, encabezados por el alcalde, Eduardo Rivera Pérez.
Lugar simbólico del poder, la alcaldía también fue sacudida por el centralismo gubernamental. Más en el ánimo simbólico, es decir, donde se construyen los privilegios y definiciones del poder, en la ceremonia del grito del 2011, la primera en la etapa morenovallista, fue notoria la manera cómo el gobernador excluyó al alcalde de Puebla, Eduardo Rivera Pérez. El ninguneo no formó parte de ninguna ocurrencia. Sino que exhibió el desplazamiento de figuras ajenas al morenovallismo donde la convivencia era forzada.

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Uno de los momentos cruciales de estos deslindes entre el morenovallismo y el PAN, o al menos el PAN doctrinario fue la renovación de la dirigencia estatal del PAN.
El entonces dirigente, Juan Carlos Mondragón Quintana, ajeno al grupo de Rafael Moreno Valle, intentó en vano reelegirse como presidente estatal del PAN.
El Congreso local, para evitar que Mondragón se presentara al proceso interno panista, aprobó exprofeso, sin deliberación alguna, la mini-reforma electoral, conocida como la Ley Mondragón, para frenar la reelección de Juan Carlos Mondragón Quintana cuyo grupo político aún mantenía el control de la estructura directiva del PAN.
En lugar de Mondragón Quintana llegó a la dirigencia estatal del PAN, Rafael Micalco Méndez.
Al principio de su gestión Micalco se alineó a las instrucciones del grupo morenovallista. Sin embargo, Micalco cuestionó las afiliaciones masivas en el PAN y presentó distintos recursos de inconformidad para revertir la afiliación masiva.
Cuando el PAN estaba dirigido por los panistas doctrinarios el acceso a ser militante era un proceso largo y un filtro para mantener una membresía, casi exclusiva en el PAN. El uso de ese método permitía que prácticamente cada voto contara.

Las derrotas

Septiembre 2012

Congreso de Puebla aprueba en fast track la Ley Mondragón impidiendo al yunquista, Juan Carlos Mondragón Quintana, reelegirse como dirigente estatal del PAN.

Mayo 2014

Gustavo Madero gana la elección interna por la dirigencia nacional del PAN con 56.76% de los votos frente a un 43.24% del Senador, Ernesto Cordero.
Panistas poblanos como Ana Teresa Aranda, Francisco Fraile y Fernando Manzanilla apoyaron a Cordero.


Octubre 2014

Rafael Micalco, dirigente estatal del PAN, impugna las afiliaciones corporativas en Acción Nacional de más de 22 mil nuevos panistas. También se opone a una eventual alianza entre el PAN y el PRD. Y critica la imposición de candidatos sin ideología panista.

Julio 2015

El Tribunal Electoral del Poder Judicial de la Federación desecha el recurso de impugnación interpuesto por Juan Carlos Espina von Roehrich en contra de la impugnación corporativa en el Partido Acción Nacional.

Agosto 2015

El CEN del PAN ordena que la elección para renovar la dirigencia estatal del PAN se realice en octubre y no en diciembre, con lo que finalizaría la era de Rafael Micalco en el PAN.
Ricardo Anaya, impulsado por Rafael Moreno Valle, pierde la elección interna del PAN. Se impone el acarreo. La elección se realiza con el nuevo padrón electoral.
El candidato opositor, Javier Corral, era apoyado por los panistas tradicionales que sufren un nuevo revés.