Las calles del Centro Histórico fueron invadidas por mendigos de la periferia de la ciudad, así como de los estados de Oaxaca y Chiapas, quienes aprovechan el mes de diciembre para obtener más dinero, desplazando a quienes tradicionalmente ocupan lugares para pedir limosna.

En un recorrido realizado por el primer cuadro se apreció un crecimiento sustancial de los limosneros, quienes hacen “la competencia” a los tradicionales de la ciudad, como “El señor Mono”, “El señor Petróleo”, o “El niño quemado”.

Es la calle 5 de Mayo la cual registra la mayor presencia de limosneros llegando hasta la 18 Poniente donde se encuentra el templo de Santa Mónica, mejor conocido como “El Señor de las Maravillas”.

De acuerdo con la información obtenida, los pedigüeños foráneos llegaron desde principios de diciembre y fueron ocupando los espacios, sobre todo cerca de los templos católicos.

Se dice que les rentan cuartos en el barrio de “El Tamborcito”, en vecindades intestadas, a un precio de 20 pesos la noche, y son familiares o amigos que llegaron hace tiempo a Puebla quienes les ofrecen el servicio.

En el recorrido se apreció que son más mujeres con niños en brazos quienes piden caridad a la gente, mientras algunos hombres, los menos, solicitan un pan para comer.

Otras calles que fueron ocupadas son la 2 Sur, de Juan de Palafox hasta la 13 Oriente, donde se encuentra el templo de La Virgen de la Soledad, además de la 16 de Septiembre, frente a Catedral.

La avenida Reforma es otra de las vialidades que se ocupó, de la 5 de Mayo hasta el Paseo Bravo.

Los mendigos tradicionales
La ciudad de Puebla es históricamente un lugar para que se desarrolle la mendicidad como una forma de vida aprovechando la caridad de los poblanos que entregan aunque sea una moneda, y ahora se suma la figura de indocumentado pirata que también pide limosna.

Algunos de los mendigos son parte del paisaje urbano que muchos no quieren aceptar, y tratan de ignorarlos, aunque si un día pasan junto en el crucero o la fachada donde piden limosna y no los ven, sienten que falta algo.

Estos personajes no tienen nombre, pero basta decir algunas características para que de inmediato se identifiquen, pero además ya hay otros mendigos como los supuestos migrantes que piden comida en los autobuses.

“El señor Petróleo”
Todos lo conocen como “El señor Petróleo”, su lugar de trabajo es el bulevar Atlixco, de la 25 a la 31 Poniente, aunque en ocasiones también baja al bulevar 5 de Mayo.

Esta persona de piel y ropa negra, luce sucio, en ocasiones se le ve con un casco, y la gente le avienta la moneda para no tocarlo.

“El niño quemado”
Hoy se ha convertido en un hombre que llega a los 30 años de edad, pero hace 20, diferentes agrupaciones se acercaron para operar al “Niño quemado” que pedía limosna en la zona del Paseo Bravo.

Dicen que la respuesta de la madre cuando le ofrecieron la ayuda fue “a mi hijo no lo operan, la gente ya no le va a dar dinero”.

Este hombre no tuvo escuela, ahora pide limosna por la zona Angelópolis, donde sus ganancias son mayores.

“Señor Mono”
Con una deformación en la columna vertebral, el “Señor mono” camina en cuatro extremidades, se le ubica de lunes a viernes frente a las instalaciones de Teléfonos de México que se encuentran en avenida Reforma.

Este personaje ha sido visto los fines de semana en Atlixco o Tepeaca, también pidiendo caridad.

Limosneros sobre ruedas
Hay una pareja sobre la calle 25 Sur y 31 Poniente, son los “Limosneros sobre ruedas”, ambos están en silla de ruedas, se muestran saludables, sin discapacidad mental y lo único que hacen es pedir una moneda.

Mientras algunas personas con discapacidad se emplean en industrias, o fabrican artesanías, esta pareja solo estira la mano para recibir la moneda, y nadie sabe a cambio de qué, ya que no entregan una bolsa para la basura, o hacen algo útil para la sociedad.

Un ejemplo de dignidad
Mientras hay mendigos que viven de la lástima, hay otros que viven del respeto como el trío o cuarteto de invidentes que tocan en la calle 5 de Mayo y que han sido retirados en algunas ocasiones por las autoridades municipales.

Con sus notas tristes o alegres, los invidentes se sostienen con la caridad de los poblanos y turistas, ya que se han ganado el respeto y apoyo.