La salud de los candidatos a las elecciones presidenciales de noviembre en EE UU se instala en el centro de la campaña. El golpe de calor que la demócrata Hillary Clinton sufrió el domingo, en los actos conmemorativos del 11-S en Nueva York, y la revelación de que sufre una neumonía, le añaden un nuevo problema.

Clinton, acusada de falta de transparencia sobre su historial médico y otros asuntos de su trayectoria personal y política, suspendió por dos días sus actos electorales.

El republicano Donald Trump, inusualmente comedido, ha expresado el deseo de que su rival se recupere pronto, y ha prometido publicar los resultados de sus últimos análisis.

La semana pasada me hice un examen físico y publicaré los resultados cuando lleguen. Espero que sean buenos. Creo que serán buenos. Me siento de maravilla, dijo Trump en la cadena Fox News. Sobre Clinton, dijo: Espero que se ponga bien y vuelva a la campaña.

El tono es muy distinto, por suave y contenido, al que ha usado en otros momentos contra la candidata demócrata. En las últimas semanas, el propio Trump y su entorno han contribuido a propagar teorías conspirativas sobre la salud de Clinton, teorías que el incidente del domingo y el diagnóstico sobre la neumonía pueden inflamar.

El nerviosismo crece en las filas demócratas. Confluyen dos relatos potencialmente dañinos para Clinton. Primero, el de su salud: las teorías conspirativas, hasta ahora circunscritas en los márgenes del trumpismo, están hoy en las mentes de muchos votantes que hasta ahora ni pensaban en ellas. Y segundo, el hecho de que se diagnosticara a Clinton la neumonía el viernes y hasta el domingo, después del percance en los actos del 11-S, no lo revelase, alimenta otro relato que refuerza los peores clichés sobre Clinton: el de la opacidad.

En un intercambio de mensajes en la red social Twitter, uno de los foros centrales donde se disputa la pelea por el mensaje en esta campaña, dos de los estrategas más destacados del partido se enzarzaron en una discusión reveladora.

Los antibióticos pueden curar una neumonía. ¿Cuál es la cura para una inclinación malsana hacia la privacidad que repetidamente crea problemas innecesarios?, escribió David Axelrod, cerebro de la campaña del presidente demócrata Barack Obama.

Ayer [por el domingo] lo pudimos hacer mejor, pero es un hecho que el público conoce más sobre HRC [Hillary Rodham Clinton] que sobre cualquier nominado en la historia, le replicó Jennifer Palmieri, jefa de comunicaciones de Clinton.

La edad de los candidatos —68 años Clinton; 70 Trump— es un factor ineludible en esta campaña que, hasta ahora, ha quedado soslayado.

Si gana en noviembre, Trump será el presidente con mayor edad en llegar a la Casa Blanca. Si ganase Clinton, sería la segunda, después de Ronald Reagan, que tenía 69 años cuando juró por primera vez el cargo en enero de 1981. Ambos se han resistido a publicar toda la información sobre su historial médico.