Fieles católicos y “cautivos” por los vicios coronaron a su patrona, La Virgen de la Merced, también conocida como la Virgen de la Misericordia, esperando que siga liberando a cientos de personas que quedaron atrapados en los vicios, pero además, la imagen logra que lleguen quienes se fueron.

 


 

En una de las zonas más populares del centro histórico se encuentra el Templo de La Merced, donde este fin de semana la gente celebró a la Virgen que fue bajada del altar mayor, donde fue colocada desde hace más de 350 años, para recorrer las calles de la ciudad.

Misael Andrade, integrante del Consejo Pastoral, explicó que se trata de la redentora de cautivos, y estos ya no solo son quienes se encuentran prisioneros en cárceles, sino quienes quedaron presos por los vicios. En sí, su papel protector ha cambiado conforme pasan los años.

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Indicó que fue el 10 de agosto de 1218 en Barcelona, España, cuando se funda la orden que en su momento trataba de liberar a los cautivos que caían prisioneros en manos de los moros. Su fundador, San Pedro Nolasco, quien se preocupaba por ellos, tuvo una visión donde la Virgen de la Merced le pide fundar ese grupo.

La imagen protege a todos los cautivos, por ejemplo, de vicios como las drogas, e indicó que mucha feligresía asiste al templo para pedir el auxilio de los sacerdotes, tanto espiritual como sacramental.

Expresó que hay testimonios de gente que se ha liberado de los problemas que tuvieron con las drogas y el alcohol, que son los principales vicios que destruyen a la familia.

Indicó que por ello le llevan “milagros”, velas, cartas dando el testimonio, todo para tratar de agradecerle.

El otro milagro

Misael Andrade señaló que otro milagro que se realiza es que la gente vuelva a su barrio, pues recordó que la zona se ha ido despoblando, sin embargo cada 24 de septiembre llegan los antiguos vecinos acompañados por sus hijos o nietos que nacieron en otro lugar.

Señaló que la gente se identifica con la virgen que, además de atender a los cautivos, los ayuda con la salud y el empleo.

Insistió en que la mayoría de los devotos son poblanos. “Los católicos no podemos hacer a un lado a la madre de Dios porque, como saben, nuestro pueblo es muy mariano”.

La procesión y la coronación

A bordo de una camioneta fue llevada la imagen en procesión por las calles del centro. Recorrió desde la 10 Poniente hasta la 2 Norte, bajó en la 8 Oriente y posteriormente llegó a la 2 Poniente, para después tomar la 5 Norte y llegar a la iglesia en su honor.

Al terminar la procesión ante cientos de personas, algunas de las cuales tuvieron que mojarse por la lluvia, llegó la coronación de la imagen manteniendo la fiesta y la fe.

Durante la misa, el sacerdote aseguró que la fiesta de la Virgen de la Merced es parte del fervor que tienen los católicos por la Iglesia. “Es una muestra que el catolicismo sigue tan vigente que en sus inicios, pero tenemos que hacer todavía más por los poblanos y mexicanos en general”.

Reveló que la devoción a la Virgen de la Merced es el amor a María, la madre de Dios, por eso se le honra de esta manera, con música, con antojitos mexicanos y con una fe pocas veces vista en la capital poblana, “es una celebración de mucha fe, de mucha devoción y de mucho amor”.

El manto de la virgen

Durante todo el sábado llegaron los fieles para orar frente a una de las imágenes que representan a la virgen y después de pedirle o agradecerle, pasaron bajo su manto blanco, como símbolo de sentirse protegidos.

La advocación

La veneración a la Virgen de la Merced surgió en el año 1218 gracias a la orden religiosa de los Mercedarios, en Barcelona (España). En 1609, el papa Inocencio XII extendió la fiesta a toda la Iglesia y la fijó el 24 de septiembre.

El templo

En 1575, los religiosos mercedarios obtuvieron la autorización formal para establecerse en la Nueva España. Para 1598 el obispo de Puebla, don Diego Romano, los recibió y les otorgó dos solares donde estaba construida una ermita dedicada a los santos médicos Cosme y Damián, con la condición de conservar esa advocación para la ermita o cualquier otro templo que se levantara. Ese mismo año llegó Fray Juan de Herrera, quien recolectando limosnas, compró los demás solares de la manzana. La ermita fue demolida, iniciándose la construcción del templo en 1607, quedando terminado y consagrado en 1659. Se le denominó convento de San Cosme y San Damián del Real y Militar Orden de Nuestra Señora de la Merced, Redención de los Cautivos.