Miles de niños vestidos de juandieguito, con bigote pintado o postizo, y niñas con trenzas y vestidas de indita, mantienen una de las tradiciones más arraigadas en el sincretismo religioso mexicano. Los devotos colmaron el Santuario de la Virgen de Guadalupe en la avenida Reforma y 11 Norte para mezclar la fe y la fiesta.

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La indumentaria para los niños y niñas transformó su cotidianeidad en el peregrinaje de hacer cola para llevar su devoción a La Villita y luego tomarse la foto del recuerdo —modernizada con celulares que hacen prescindibles al añejo fotógrafo de la vetusta y extinguible Polaroid—, degustar la comida de los puestecitos de chalupas, quesadillas y cemitas, en una suerte de aprendizaje completo de lo que los antropólogos llamaron pomposamente la “identidad nacional”.

Padres y madres de familia llevaron a sus juandieguitos a La Villita o al Seminario Palafoxiano; desde temprana hora la feligresía cristiana se volcó a rendir tributo a su madre celestial.

Cientos de poblanos acudieron hasta las instalaciones diocesanas para demostrarle a la Virgen Morena su entrega y devoción. Las Mañanitas son la música por excelencia de las masas, viejo eufemismo para referirse a la experiencia indescifrable y múltiple de lo popular, aunado a los cohetes, dibujan un paisaje sonoro que logra conjugar la mezcla de las clases sociales que de facto conocen como fiesta religiosa al día de la Virgen de Guadalupe.

Las familias, desde la mamás, papá y las abuelas cargando a sus nietos, se tomaban la fotografía del recuerdo.

En la exclusividad del festejo de la feligresía vuelta culto mariano-mexicano, la gastronomía local recuperaba a los tacos, tostadas, chalupas, pelonas, gorditas, quesadillas, tamales, champurrado, café, refrescos y atole.

En el estado, la mayoría de sus habitantes si no está peregrinando hacia la Basílica, en la Ciudad de México, está celebrándole al pie de algún altar a la Virgen de Guadalupe, los cuales abundan en cientos de colonias y barrios.

Puebla es considerado uno de los estados más guadalupanos del país, se calcula que existen millones de altares por cada rincón desde la metrópoli pasando por las sierras Norte, Negra y Nororiental, además de la Mixteca y en la zona de los volcanes —por donde pasó el conquistador Hernán Cortés— donde cada 12 de diciembre se realizan fiestas a lo grande.

Las celebraciones no solo se dan en esos puntos de la entidad, sino que miles de feligreses organizan rosarios, misas, bailes, comidas, cantos; con amigos y familiares, en cada colonia, municipio o pueblo.

Los miles de fieles que le dan sentido a la fe guadalupana y el agradecimiento de las peticiones cumplidas urdieron en contra de la monotonía urbana y el escepticismo durante este 12 de diciembre.

En el Palafoxiano

El Seminario Palafoxiano es otro de los puntos importantes de la celebración guadalupana, donde acudieron 120 mil personas tan solo el 12 de diciembre con el propósito de rezar, convivir y degustar antojitos.

Este lunes se calcula que más de 180 mil fieles arribaron al recinto para celebrar la aparición de la Virgen de Guadalupe en México, sin contar a los miles de creyentes que asistieron a partir del pasado jueves 8.

La Feria Guadalupana que se realiza cada año en honor a la Virgen del Tepeyac tiene varias intenciones, como promover la oración por las familias, la paz del mundo, de la patria y de nuestro estado.