Frío, agua y zozobra viven decenas de poblanos que siguen pernoctando a las afueras del Hospital de la Mujer y General, donde incluso ya se encuentra una zona de jardines invadida por tiendas de campaña.

A pesar del mal clima vivido en los últimos días en la ciudad de Puebla, la falta de recursos económicos hace que decenas de personas duerman a la intemperie esperando una buena noticia de sus familiares.

Tal es el caso de Juan Jacinto Pérez, originario de la junta auxiliar de Atzingo, perteneciente al municipio de Zacatlán, quien espera la alta de sus gemelos nacidos desde hace una semana. Desde entonces ha tenido que esperar día y noche a las afueras del nosocomio, alimentándose una vez al día con comida que le lleva una tía desde Huejotzingo cada tercer día.

Como la historia de Juan Jacinto, existen decenas de casos de tragedias y esperanza a las afueras del Hospital de la Mujer, donde decenas de mujeres dan a luz cada día y donde las familias de escasos recursos se ven forzadas a pernoctar a la intemperie, en algunos casos por varios meses.

Los gobiernos estatal y municipal sólo brindan el apoyo “dejándolos acampar” en los jardines y pasillos, y sólo de vez en cuando regalándoles cobertores. Durante estos días con frío invernal, acompañados de lluvia, tienen que encontrar algún pequeño espacio lo más seco posible.

Yo aquí me arrinconó y no me llega el agua, pero sí la brisita”, dijo Herminia Blanco, de 60 años de edad, quien espera a que den de alta a su hija y nieta recién nacida. “Eso sí, el frío lo atajo con mis cartoncitos”, dijo.

Y es que quienes están en mejores condiciones cuentan con una casa de campaña como Juan Jacinto. Los más pobres, apenas con un cobertor y cartones se cubren de las gélidas temperaturas, como doña Herminia.

Muchas de estas personas viven desde hace varios meses en este lugar, quienes aprovechan el domingo para reunirse con sus familiares, con quienes hacen una especie de día de campo para olvidar un poco la espera e incertidumbre.

Esperando un abrazo
Juan Jacinto y su esposa Micaela —ambos de apenas 22 años de edad— ven pasar las horas desde hace una semana, cuando nacieron sus gemelos. Pero por nacer prematuros permanecen internados bajo vigilancia médica en incubadora. Desde entonces no han regresado a su casa: un pequeño jacal en la Sierra Norte.

¿De qué vives si no trabajas?

—Soy campesino, jornalero, pues ahora no trabajo, me trae comida mi tía, unos guisitos que me tengo que ir comiendo poco a poco, al menos me ayuda con eso.

¿Tu tía es de Puebla?
—No, es de Huejotzingo, por eso no puede venir diario, pero me ayuda mucho. Me dijeron los médicos que se (los gemelos) están desarrollándose bien, a lo mejor en un mes ya me los dan, pero tengo que esperar por cualquier cosa aquí afuera”, dijo en los momentos en que se repartía con su esposa un pollo en adobo del día pasado.

El joven campesino duerme en una colchoneta y su esposa dentro de la pequeña tienda de campaña, pero en los primeros días dormía sólo con los con unos cartones abajo; sin embargo, la Dirección de Protección Civil del municipio le regaló un cobertor y la colchoneta.

Informó en este tiempo se ha dado cuenta de cuánta gente necesita de un albergue, ya que siempre esta llenó el lugar, al grado de que ya no hay sitios para poner tiendas de campaña.

Estamos, haga de cuenta como si fuéramos un gusanero, todos tirados aquí y allá, en la noche no se puede ni pasar, nada más dejamos un pasillito para pasar.

”Agradecería al gobierno que ponga un albergue, todos somos gente pobre pero trabajadora, lo único es que estamos forzados a vivir aquí, quisiéramos que nos dieran una solución”, pidió.