Benedicto XVI instó hoy a reforzar la lucha contra el narcotráfico, la criminalidad, la violencia, la inseguridad ciudadana y la extorsión en América Latina, al celebrar el bicentenario de las independencias de los países de esa región.

Durante la homilía de una misa que presidió en la Basílica de San Pedro del Vaticano, también para homenajear a la Virgen de Guadalupe en su día, llamó a vigorizar los esfuerzos para superar la miseria, el analfabetismo y la corrupción.

“(Los pueblos latinoamericanos) están llamados asimismo a fomentar cada vez más iniciativas acertadas y programas efectivos que propicien la reconciliación y la fraternidad, incrementen la solidaridad y el cuidado del medio ambiente”, dijo.

Reconoció que el camino de integración avanza en ese subcontinente y advirtió que el bloque ha cobrado un nuevo protagonismo emergente en el concierto mundial.

“En estas circunstancias, es importante que sus diversos pueblos salvaguarden su rico tesoro de fe y su dinamismo histórico-cultural, siendo siempre defensores de la vida humana desde su concepción hasta su ocaso natural, y promotores de la paz”, señaló.

“Han de tutelar igualmente la familia en su genuina naturaleza y misión, intensificando al mismo tiempo una vasta y capilar tarea educativa que prepare rectamente a las personas y las haga conscientes de sus capacidades, de modo que afronten digna y responsablemente su destino”, apuntó.

En su discurso, pronunciado en español y portugués, Joseph Ratzinger se refirió a la Virgen de Guadalupe, a la cual calificó de “morenita del Tepeyac, de rostro dulce y sereno”.

Aseguró que la imagen impresa en la tilma de Juan Diego hace 480 años señala la presencia de Dios a la población indígena y mestiza, porque los conduce a Cristo, quien tiene un amor más fuerte que las potencias del mal y la muerte, además de ser fuente de gozo, confianza filial, consuelo y esperanza.

Según el líder católico actualmente es posible continuar alabando a Dios por las maravillas que ha obrado en la vida de los pueblos latinoamericanos y del mundo entero, ocultándose a los sabios y entendidos, dándose a conocer a los pequeños, a los humildes y a los sencillos de corazón.

“Por su sí a la llamada de Dios, la Virgen María manifiesta entre los hombres el amor divino. En este sentido, Ella, con sencillez y corazón de madre, sigue indicando la única luz y la única verdad: su hijo Jesucristo”, sostuvo.

“(Él) es la respuesta definitiva a la pregunta sobre el sentido de la vida y a los interrogantes fundamentales que asedian también hoy a tantos hombres y mujeres” del subcontinente, ponderó.