Un plan internacional para entregar ayuda a cientos de miles de personas que viven en zonas sitiadas de Siria se encuentra en peligro ante una inminente fecha límite.

Existen también las dudas sobre una iniciativa, que está respaldada por las Naciones Unidas, que consiste en lanzar vía aérea alimentos y otra ayuda humanitaria. Rusia, Estados Unidos y otras fuerzas externas que participan en la guerra civil de Siria acordaron este mes comenzar con lanzamientos desde el aire si a los convoyes terrestres, cargados con ayuda humanitaria, se les continúa negando el acceso a las ciudades sitiadas por el gobierno sirio.

Pero la logística de la entrega de alimentos y medicinas en paracaídas es extremadamente compleja y poco fiable, reconocen funcionarios de la ONU. Mientras que diplomáticos y analistas concuerdan en que es poco probable que el gobierno de Siria permita dichos lanzamientos cuando no han aceptado ceder por tierra.

Y se corre el riesgo de una pelea en un espacio aéreo abarrotado por diversos países que luchan en la desgarradora guerra. Aviones de combate de al menos una docena de países -entre ellos Estados Unidos y Rusia- tienen misiones en Siria, aunque con diferentes objetivos. El tema pone de relieve los esfuerzos vacilantes dirigidos por Washington y Moscú para poner fin a un conflicto que ha matado a más de 250,000 personas y ha provocado millones de desplazados.

Todos sabemos que no pasará nada, dijo Mohammed Shihadeh, un residente de Darayya, un suburbio de Damasco que ha sido sitiado por combatientes progubernamentales desde el 2012.

Ahora, por su parte, el jefe negociador de la oposición ha estancado las conversaciones de paz en Ginebra al anunciar su renuncia este fin de semana.

En un comunicado difundido la noche del domingo, Mohammed Alloush describió las conversaciones como absurdas y expresó sus dudas sobre si se podrían reiniciar. Se ha criticado al gobierno por negarse a liberar a los prisioneros y permitir que la ayuda llegue a los sirios sitiados que están hambrientos y privados de ayuda médica que podría salvarles la vida.

El anuncio es un nuevo golpe a la iniciativa de paz, que está respaldado por Estados Unidos y Rusia, a pesar de que las dos potencias siguen divididas sobre el conflicto. Moscú respalda firmemente al presidente sirio Bashar al-Assad, mientras Washington pide su renuncia. Aún sigue en vigor un alto el fuego parcial pactado en febrero.

Funcionarios de la ONU han expresado su alarma por las condiciones que enfrentan los más de 500,000 sirios en las comunidades sitiadas. La mayoría de esas personas están rodeadas por las fuerzas progubernamentales, que han recibido el apoyo aéreo de Rusia desde finales del año pasado.

Este mes, el gobierno bloqueó un convoy de ayuda humanitaria con destino a Darayya que era apoyado por las Naciones Unidas y el Comité Internacional de la Cruz Roja. Los hambrientos residentes de la ciudad no han recibido ningún tipo de alimentos, además de fórmula para bebés. El gobierno, que inicialmente dio el permiso al convoy, se negó a que los camiones transporten alimentos. Los críticos han acusado reiteradamente a las Naciones Unidas de someterse a las demandas del gobierno.