El lago Leman está plácido y muy azul la mañana calurosa de Lausana, y los turistas zanganean. Con vistas espléndidas al lago, en el Museo Olímpico, como un lunes cualquiera, las ventas son escasas en su tienda, y también las visitas. En Suiza, entre palacetes decimonónicos, el movimiento olímpico se siente una isla alejada de las tormentas. A miles de kilómetros de allí, al otro lado del Atlántico, un ciclón que amenaza con llegar fuerte a la neutral Suiza, al olimpismo y a los Juegos de Río, comienza a soplar a las nueve de la mañana, tres de la tarde en Lausana. Se llama informe McLaren. Tiene un titular: El Estado ruso, a través de su ministerio de Deportes, y con la asistencia de la policía secreta (FSB) organizó entre finales de 2011 y agosto de 2015, al menos, un sistema, que podríamos llamar Metodología de los positivos que desaparecen para proteger a los deportistas sometidos a dopaje organizado.

Esta conclusión, ya conocida desde hace días por diferentes dirigentes de la lucha antidopaje mundial, llevó el viernes pasado a una decena de agencias nacionales antidopaje a mover una carta entre los organismos deportivos para solicitar al Comité Olímpico Internacional (COI) que prohíba a Rusia participar en los Juegos de Río, que comienzan el día 5 de agosto.

Siguiendo un encargo de la Agencia Mundial Antidopaje (AMA), Richard McLaren, un abogado de Toronto, emprendió en mayo una investigación unipersonal para verificar las acusaciones de manipulación vertidas en el New York Times por el exdirector del laboratorio antidopaje de los Juegos de Invierno de Sochi 2014. Una de las primeras conclusiones de McLaren es que Grigory Rodchenkov, el director que lanzó la denuncia, es una persona sincera y creíble. Después, McLaren detalla cómo en 2010, el Estado, preocupado por los malos resultados de los Juegos de Invierno de Vancouver 2010, puso en marcha su Metodología para manipular las muestras de orina en los laboratorios antidopaje rusos.

Sochi, junto al mar Negro, sería la sede de los siguientes Juegos y Rusia quería hacer un gran papel. El presidente ruso, Vladimir Putin, nombró directamente entonces un viceministro encargado de supervisar el sistema que reportaba directamente a su ministro, Vitaly Mutko. Este, muy cercano a Putin, es también el presidente del comité organizador del Mundial de Fútbol de Rusia 2018 y miembro del Ejecutivo de la FIFA. Según McLaren, la Metodología ya funcionó en los preparativos para los Juegos de Londres 2012, el Mundial de atletismo de Moscú 2013 y los Mundiales de natación de 2015.

Meses antes de cada evento, los técnicos rusos designaban a aquellos deportistas que tendrían más posibilidades de medallas para someterlos a sus planes de dopaje. No deberían preocuparse por los controles fuera de competición, uno de los puntales de la lucha antidopaje, les dijeron, pues en el laboratorio de Moscú, donde se analizarían todas las muestras ya sabrían qué hacer cuando les llegara su orina.“De este método se han aprovechado la inmensa mayoría de los deportes olímpicos de invierno y verano de Rusia, concluye McLaren. El ministerio de Deportes supervisó y controló la falsificación de los resultados analíticos con la ayuda de la FSB, la policía secreta de Putin.

Atletismo, lucha, piragüismo y ciclismo

Por deportes, el mayor número de positivos desaparecidos en el periodo, según McLaren y su informe de un centenar de páginas, son: 139 en atletismo; 28, en lucha; 27 en piragüismo y 26 en ciclismo. Durante las grandes competiciones mundiales, el laboratorio actuaba bajo control independiente de la AMA, con lo cual el método de tapar los positivos no servía. Era necesario cambiar la orina de los frascos antes de que se analizara y se encontrara sustancias prohibidas. Así, a los probables medallistas de Sochi se les hizo meses antes congelar muestras de orina limpias en envases como potitos infantiles o latas de bebida. Estas muestras llegaron al laboratorio de Sochi, donde, por la noche, especialistas de la FSB, usando una técnica que no hemos llegado a descubrir, dice el informe, abrían los frascos con sus muestras reales, en teoría una tarea imposible sin dejar huella, y cambiaban la orina por la previamente conservada. Así se taparon al menos positivos de 15 medallistas rusos en Sochi.

En la sede del Comité Olímpico Internacional (COI), unos kilómetros más allá del Museo, en la misma orilla del lago, se esperan acontecimientos. Solo hay prevista una nota corta de prensa cuando el informe se dé a conocer, advierten desde su servicio de prensa. El martes, después de haberlo estudiado, habrá una reacción más profunda. Parece, sin embargo, muy improbable que Thomas Bach, el presidente del COI, apoye la petición de una suspensión total de Rusia en Río. Así se han expresado ya algunos de los presidentes de comités olímpicos nacionales, incluido el español, Alejandro Blanco, que prefieren hablar de proteger a los deportistas limpios y no castigarlos con una suspensión general. Hasta el momento, en el caso del atletismo ruso, al que la IAAF vetó en noviembre pasado, Bach ha sido favorable a una salida negociada.