Los vecinos de la colonia Arboledas de Guadalupe están hartos del desorden que persiste en las inmediaciones de la Feria de Puebla, específicamente los colonos que habitan en la calle Guayacán, ubicada en la parte trasera del Centro Expositor.

Las molestias latentes son por los “cuellos de botella” que se generan por el tráfico vehicular, la inseguridad y porque los ambulantes ya se instalaron afuera de sus hogares.

Roberto Hurtado Nieve, representante de colonos de Los Fuertes de Guadalupe, sentenció que la calle Ejércitos de Oriente —donde se ubica el parque Rafael Padilla— fue concesionada como estacionamiento público con un costo de 30 pesos, pese a que el Recinto Ferial tiene estacionamiento propio. El representante sentenció que al estar imposibilitada para transitar los carros se desvían a Guayacán, por lo que tienen que soportar el paso constante de automóviles.

Asimismo, fue tajante al opinar que si existiera una emergencia no se podría desalojar la zona, dado a que la calle principal está cerrada y la Guayacán es insuficiente para el paso de todos los vehículos.

Por su parte, la señora Patricia sentenció que la inseguridad es latente, pues aunque estén seis o más patrullas en la zona, sólo resguardan el Centro Expositor y no al resto de la colonia, “vemos cómo desvalijan los carros; Arboledas de Guadalupe es una tierra de nadie donde las autoridades sólo se hacen tontas”.

Sergio Rojas, vecino de la calle Guayacán, afirmó que su enojo radica en que es “un desbarajuste” en el que “las autoridades únicamente pensaron en ellos, pero no se fijaron en los colonos”. Además, reiteró que no existe presencia policiaca que resguarde la zona, pues solamente en las mañanas dan rondines, pero en la tarde-noche desaparecen.

Por si fuera poco, los colonos se quejan de la obstrucción de sus entradas porque la calle se utiliza como estacionamiento. La vecina del número 44 —quien no quiso dar su nombre por posibles represarías— reiteró que todos los días enfrenta rencillas con los automovilistas que se estacionan a las afuera de su hogar, “todos los días estaciono desde temprano mi camioneta en frente, aunque por defender mi entrada pongo en riesgo el auto”.

Además, mencionó que al estar obstruida su entrada se ve en la necesidad de tomar transporte público para trasladarse a sus actividades diarias, “es inaudito que tome camiones para salir”.

Ambulantaje

A pesa de que el ayuntamiento de Puebla señaló que los ambulantes tendrían una zona específica para su vendimia, debido al buen comportamiento que mostraron en la zona del Calvario —de la que no podrían salirse—, en las inmediaciones de la calle Guayacán saltan a la luz puestos de cemitas, comidas, tortas y frutas.

El colono Sergio Rojas aseguró que los ambulantes no se quieren quitar, y si intentan dialogar con ellos se ponen altaneros; además, aseguró que de nada sirvió que la Comuna otorgara lugares específicos si harían “su santa voluntad”, por lo que dijo que las montoneras de basura que ocasionan, así como la molestia de soportar los puestos afuera de sus entradas, parece que no son visibles para las autoridades.

Pese a ello, señaló que no ha puesto alguna queja con las autoridades porque sabe que no le harán caso.

Los vecinos convergieron al opinar que “la feria es un asco”, además de que la calificaron como la peor en 15 años, ya que aseguraron en ésta prevalece el desorden.

La señora Patricia reiteró que al inaugurar el recinto les prometieron una obra de primer mundo, pero que al observarla se nota que las instalaciones son de “tercer mundo”.

Bajo este argumento, sentenció que la calle parece un “antro barato”, ya que se escuchan toda clase de majaderías, se ve gente tomando y los juegos se detienen a altas horas de la noche, “que vengan a dormir un día para que conozcan el martirio que tenemos que soportar”.

Los vecinos aseguraron que no quieren quitar la feria, sólo que exista un poco de orden, debido a que se pueden desatar graves conflictos si no controlan la zona.