El Senado de la República rindió homenaje a Porfirio Muñoz Ledo, por sus 70 años de lucha política a través de distintas posiciones políticas y toma de decisiones, en la Antigua Casa Xicoténcatl, sede alterna del Senado mexicano.

La senadora del PRI, Beatriz Paredes Rangel, destacó que Muñoz Ledo fue un gran innovador que modernizó estructuras, democratizó relaciones y buscó siempre impulsar un Estado mexicano robusto, pero a la vez, participativo.

Lamentó que las contradicciones internas de su partido no le hubieran permitido ser el candidato a la Presidencia de la República de ese entonces, “otra historia sería,” consideró la legisladora en el homenaje, que promovió el presidente del Consejo de Administración del Periódico El Universal, Juan Francisco Ealy Ortiz.

En su intervención, la senadora de Morena, Ifigenia Martínez Hernández, subrayó que Muñoz Ledo ha desempeñado un papel decisivo en la transición política y social de nuestro país, “encabezando la lucha por la institucionalización y defensa de la pluralidad.”

Este homenaje, dijo la legisladora, se convierte en una nueva oportunidad para reflexionar de nuestro futuro y de nuestra responsabilidad de todos los que iniciamos este camino para México.

En su exposición, Porfirio Muñoz Ledo consideró que los acontecimientos políticos y económicos ocurridos en el país, a partir de 2018, “han merecido diatribas, elogios, condenas automáticas, sometimientos serviles y en ocasiones prácticas corruptas”.

Reconoció que ha luchado junto con un vasto entramado de generaciones, cuyos voceros calificados, han ofrecido su propia narrativa “de la que sólo puedo reivindicar en exclusiva, mis propios errores”.

El exdiputado comentó que, en 1988, el movimiento que encabezó junto con otros líderes, entre ellos Cuauhtémoc Cárdenas Solórzano, fue depositario de un proyecto nacional fundado en la ciencia y la cultura, “creemos profundamente que al pueblo hay que educarlo, jamás domesticarlo”.

En 1997, recordó el exsenador, se instaló una mayoría en el Congreso opuesta al partido en el gobierno, que dio pie a una transición pacífica, para que, en el 2000, surgiera el primer Ejecutivo federal de la alternancia.

Porfirio Muñoz Ledo consideró que la ruptura de 1988 y el levantamiento del Ejército Zapatista de Liberación Nacional en Chiapas, precipitó la transición, pero “quedamos a la deriva a acontecimientos democráticos inciertos”.

Por su parte, Diego Valadés, investigador emérito del Instituto de Investigaciones Jurídicas de la UNAM, destacó que, en 1998, Muñoz Ledo, junto con un puñado de mexicanos, emprendió un ambicioso y épico movimiento para democratizar al país, sin alterar la paz.

Muñoz Ledo, abundó el investigador, se caracteriza por expresar sin rodeos sus ideas y sus posiciones ha preferido pagar los costos políticos de la dignidad y no los costos morales de la abyección.

Martha Bárcenas, ex embajadora de México en Estados Unidos, resaltó que Porfirio Muñoz Ledo representa un tipo de político que está intelectualmente por arriba de la media de los políticos en México.

“Nada más cierto en un México que atestigua día a día la degradación de la vida política y del debate, que ve impotente la falta de talento y voluntad para construir consensos para reconocer los beneficios de la diversidad”, expresó.

El consejero presidente del Instituto Nacional Electoral, Lorenzo Córdoba Vianello, destacó que los empeños de Muñoz Ledo, y de muchos protagonistas de los años de la transición, “estuvieron enfocados como el más sublime significado del cambio democrático”.

Pasar de un régimen autoritario, monolítico y de partido hegemónico, a un sistema político que reconoce y alienta la pluralidad, los derechos ciudadanos, la libertad, la tolerancia y la convivencia pacífica entre las mayorías y minorías, fue probablemente el fin último de nuestro proceso de transición, agregó.