Los aplausos de las primeras hileras fueron las de los “acarreados” azules, quienes ocuparon los sitios, en bloque, frente al palacio municipal de la ciudad de Puebla la noche de este martes, para evitar cualquier protesta en contra del gobierno estatal.

A los “acarreados” les dieron su kit patriótico: torta, refresco y su impermeable. En las primeras filas vitorearon el grito oficial a pesar del nerviosismo del gobernador Rafael Moreno Valle.

Rafael Moreno Valle no se arriesgó. No quiso sentir ni saber el pulso popular. Más bien le apostó a la vieja estrategia. La misma que han ocupado otros gobiernos para “blindarse” del sentimiento de la gente.

El gobernador que le ha apostado a promover su imagen en los medios electrónicos y en las redes sociales fue más que precavido y evitó “sorpresas”.

Frente al palacio municipal y en los puntos donde el gobernador tuvo algún leve contacto con la gente, se colocó de manera exprofesa a “acarreados”, quienes llegaron en camiones desde municipios del interior del estado y aplaudieron al gobernador, lanzaron vivas y sirvieron prácticamente como una barrera humana para evitar cualquier desaguisado de protesta en un diseño de control en que lo mismo participaron la policía estatal y drones.

El propio gobierno estatal presumió la “tranquilidad” con la que se desarrollaron los festejos patrios. Con un dejo de optimismo, la administración estatal se congratuló de las actividades patrióticas.

“Encabezados por el Gobernador Rafael Moreno Valle y en un clima de fervor patrio, unidad y tranquilidad, miles de poblanos reunidos en el Zócalo capitalino participaron la noche de este lunes 15 de septiembre del 2014, en la tradicional Ceremonia del Grito de Independencia”, señaló la oficina de comunicación social estatal el grito.

Pero la realidad es que una combinación de seguridad y el acarreo de personas afines a la administración estatal con sus hijos le aseguró al gobierno del estado un grito “a modo”.

Para llegar al zócalo de la ciudad donde se desarrollaría la ceremonia había que ingresar por alguna de las cuatro esquinas donde se hallaban detectores de metal.  

El perímetro al palacio municipal fue rodeado por cientos de vallas metálicas que también sirvieron para separar a los ciudadanos del espectáculo musical de las cantantes vernáculas Eugenia León, Tania Libertad y Guadalupe Pineda, por lo cual apenas algunos cuántos afortunados pudieron mirar de cerca a las cantantes mientras que la mayoría de la gente se mantuvo a distancia de las vallas fronterizas entre la gente y las intérpretes de la música popular mexicana. La minuciosidad del operativo para controlar el acceso destacó por la presencia de policías municipales y también elementos del Ejército mexicano.

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Entre las 9 y las 10 de la noche, los “acarreados” al Grito, distinguibles por el impermeable azul que vestían arribaron al parque de Analco, desde donde llegaron caminando al zócalo de la ciudad de Puebla para “vestir” el acto gubernamental.

Cientos de personas, provenientes del interior del estado, llegaron en camiones del transporte público, en una operación para arropar el acto gubernamental. Al bajarse de los vehículos, los transportados hicieron filas, les dieron sus impermeables y un patriótico kit para aguantar la jornada nacionalista: una bolsa que contenía su torta y refresco.

La operación de llegada de los transportados fue casi “hormiga”. En grupos pequeños caminaron hacia el zócalo de la ciudad de Puebla, tratando de pasar inadvertidos, pero los patrióticos “espontáneos” se colocaron en las primeras filas desplazando a los ciudadanos que desde primera hora habían buscando un lugar de privilegio para escuchar el patriótico grito.

Cuando el gobernador de Puebla, Rafael Moreno Valle, salió al palco del palacio municipal, con nerviosismo atisbó el panorama, poco a poco intentó ganar soltura y conforme miraba a las cámaras y el “popular” blindaje azul en las primeras filas continúo con la patriótica ceremonia.

Desde estas primeras hileras, aunque distantes del palco gubernamental, el gobernador de Puebla intentó ganar soltura y saludó desde el palco a los poblanos, vestidos de impermeable azul.

El grito se mimetizó de impermeables azules, entre los aplausos de las primeras hileras, los intentos de los poblanos de a pie de llegar hasta adelante, por supuesto, imposible frente a estas barreras humanas de transportados.

El rito
Rafael Moreno Valle ondeó en sucesivas ocasiones el lábaro patrio, intentado pasar de la reacción maquinal y rígida al ánimo espontáneo y fluido.

El gobernador de Puebla repicó la réplica de la campana de dolores.

La escena patriótica se combinó con la oleada de “acarreados” que en las primeras filas movían los labios mientras el gobernador entonaba el Himno Nacional.

Una vez que culminó el acto patriótico, Moreno Valle entregó la enseña nacional. Regresó al balcón gubernamental. Los fuegos artificiales bañaron la plaza mientras los “acarreados” aplaudían.