Elia Tamayo quema la efigie de Rafael Moreno Valle en el cruce del bulevar 5 de Mayo y la 14 Oriente.

El monigote azul de cartón arde a media calle.

El monigote ha encabezado la multitudinaria marcha de protesta.

“Va a caer, va a caer; Moreno Valle va a caer”.

Se escuchan los gritos de júbilo de los manifestantes. Es casi un momento catártico. El muñeco de cartón arde.

Un corrillo se hace en torno al monigote.

Elia Tamayo, la madre del niño José Luis Tehuatlie Tamayo, cuyo asesinato sigue impune, le prende fuego al monigote.

“Va a caer, va a caer”, gritan los manifestantes.

Y la manifestación se torna en carnaval efímero donde el cartón se quema poco a poco.

La gente ríe ante las llamas del monigote azul.

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La madre de Elia Tamayo, casi imperceptible en la manifestación, mira la multitud de oradores.

Luego de cinco horas de marchar desde la avenida Juárez hasta Casa Aguayo, los manifestantes están cansados.

Frente a Casa Aguayo una catarata de discursos políticos de la inconformidad social.

Pero la gente se cansa de que nadie los reciba en Casa Aguayo. La instalación gubernamental queda tapizada con cartulinas y mantas.

La paciencia se les agota a los inconformes con las medidas impopulares del gobierno de Rafael Moreno Valle.

“Está aquí con nosotros, la persona más importante”, dice uno de los oradores.

Los manifestantes dejan pasar una ambulancia que se encuentra casi en el cruce del bulevar y la 14 Oriente.

El orador pasa de la crítica política a los improperios. Pasa de la calificación política a la descalificación homofóbica.

La calificación más suave que el orador lanza sobre Moreno Valle es la de “asesino”.

Los manifestantes claman. La marcha de carácter política transita hacia el carnaval. Los manifestantes hacen bulla. Los coches se suben a la banqueta para dar vuelta. Alguna patrulla hace un cierre sobre el bulevar, a la altura de la Palafox y Mendoza. Otros automovilistas se desesperan en sus vehículos. Los cláxones no dejan de sonar.

Los manifestantes más precavidos, ya cansados, buscan la sombra, la poca que hay para guarecerse del sol.

Los más festivos gritan mientras se quema el monigote del gobernador.

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Sobre el bulevar 5 de Mayo, al filo de las 16 horas, la gente no se mueve. Todos están condenados a esperar bajo el candente sol.

Las estudiantes de la Normal Rural de Teteles se cubren con la manta que han mostrado durante la marcha y luego se reincorporan para regresar al bulevar 5 de Mayo.

Las consignas caen y salen.

El tránsito se entorpece en el centro histórico de la ciudad. Los camiones toman rutas alternas pero calles como la avenida 4 Oriente permanecen atestadas de colectivos que buscan una salida después de dar varias vueltas intentado desembocar en el bulevar 5 de Mayo que permanece cerrado.

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La 28 de Octubre nutre el contingente de la marcha. Reveladoras las consignas anti-imperialistas en la protesta.

El repudio social de grupos con demandas específicas se esparció por las calles de la ciudad de Puebla.

Por cuarta ocasión, en menos de tres meses, grupos sociales y activistas de los derechos sociales toman las calles de la ciudad en contra de la administración de Rafael Moreno Valle.

En un tuit, el periódico Reforma recuerda la insistencia de los poblanos en su repudio ante las políticas de la administración estatal.

En el contingente marchan distintos sectores de la sociedad que se sienten agraviados por las políticas públicas morenovallistas.

Marchan desde pobladores de juntas auxiliares que exigen el retorno de los registros civiles a las juntas auxiliares pero también se suman otros sectores agraviados, dueños de verificentros a los que el gobierno de Puebla les canceló sus permisos con una nueva normativa; pobladores de Cholula que exigen que cesen las obras para la construcción de un parque en los terrenos aledaños a las pirámides.

A la marcha se suman grupos ya acostumbrados a salir a las calles, como miembros de la 28 de Octubre que corean consignas anti-imperialistas y en contra de la burguesía.

También participan grupos como las normalistas de Teteles, estudiantes que se ejercitan en la militancia opositora con las demandas propias de su gremio.

“Moreno Valle exigimos que nos devuelvan nuestras concesiones de los centros de verificación que nos robó con mentiras.”

Es la primera marcha luego del falló que emitió la semana pasada la Comisión Nacional de Derechos Humanos (CNDH) sobre el caso de violaciones graves en San Bernardino Chalchihuapan.

A pesar de que es miércoles, la manifestación despliega un diverso abanico opositor que abarca unas 10 calles. Pero en la mezcla de manifestantes y consignas también hay coches, camionetas con equipos de sonido y un autobús desde el que los fotógrafos toman las fotografías de la movilización opositora.


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Una vez que la marcha llega a Casa Aguayo los manifestantes tapizan la instalación gubernamental con sus demandas.

Los discursos son la única manera con la que los opositores “dialogan” con la Secretaría de Gobierno estatal. Nadie los recibe. Por lo menos en la primera hora.

Algunos manifestantes se guardan en el portalito del Alto. Luego de las dos de la tarde hay una larga hilera en el portalito para entrar al baño. 

Mientras afuera, frente a Casa Aguayo, los oradores dan maratónicos discursos de sus demandas y arengan a la multitud con su retórica proletaria —la variante discursiva que se ha sumado a esta movilización— otros prefieren comer cemitas o tomar refrescos guarecidos en el portalito.

Los menos afortunados buscan cobijo del sol en alguna sombra de los edificios aledaños.

La suerte de la oposición también dependen de la recarga del ánimo.

Durante más de una hora los discursos no surten efecto.

Tampoco se cumple lo prometido de quemar el monigote alusivo al gobernador de Puebla.

De súbito, luego del enésimo discurso incendiario ante la falta de diálogo, nadie los recibe en Casa Aguayo, los manifestantes deciden regresar al bulevar 5 de Mayo. Toman por sorpresa a los agentes de tránsito que intentan controlar el tráfico y en el bulevar se hace el caos.

Uno de los oradores llama a la prudencia a los automovilistas y desde un equipo de sonido portátil les explica el motivo de su protesta.

Les dice que no están impidiendo el libre tránsito porque hay otras vialidades por las que pueden transitar. Para esos momentos la columna de manifestantes se muestra dispersa. Algunos manifestantes prefieren marchar por la banqueta cubriéndose del sol. Los vendedores que siguen a la columna ofreciendo nieves buscan clientes entre los acalorados manifestantes.

Los autobuses de pasajeros intentan darle la vuelta a la manifestación, y aunque algunos lo logran, otros camiones quedan atrapados en el tránsito.

Cerca de las 16 horas, cuando el orador se queja de cómo las televisoras ocultan la información sobre lo qué sucede en Puebla sólo dando “buenas noticias”, los manifestantes deciden quemar el monigote de Rafael Moreno Valle luego de endilgarle al gobernante estatal epítetos denigrantes.

Un corrillo se hace en torno al monigote.

Elia Tamayo, la madre del niño José Luis Tehuatlie Tamayo, cuyo asesinato sigue impune, le prende fuego al monigote.

“Va a caer, va a caer”, gritan los manifestantes.

Y la manifestación se torna en carnaval efímero donde el cartón se quema poco a poco.