-Ya nada más tengo plateas…

En el exterior del estadio nadie detuvo la reventa. A escasos metros de policías municipales y de personal del ayuntamiento se vendían los boletos del partido Boca Juniors- Puebla.

Hombres y mujeres interceptaban a los fanáticos de futbol.

-¿Tiene un boleto que le sobre?- encaraban los revendores a los aficionados.
Primero, ofrecían comprar los boletos, hacían la plática a la gente que merodeaba por algún boleto.

Todavía a las 6 de la tarde los revendedores ofrecían los boletos entre los 650 a los 200 pesos a quienes buscaban algún boleto y dependiendo la ubicación en el estadio variaba el precio.

Los intercambios por un boleto se daban casi en las narices de los elementos policiacos. Impávidos se recargaban en sus escudos.

A minutos de iniciar el partido la reventa continuaba. Los aficionados con el uniforme de la franja se tomaban selfies con la imagen del estadio. A un costado del estadio un espectacular con publicidad del PAN presumía las obras de gobierno: “Recursos para más obras”, dice el espectacular.

La remodelación del estadio costó 688 millones de pesos, pagados con recursos del presupuesto estatal. El gobierno de Puebla regaló los boletos para el cotejo con un mecanismo que permitió tanto la reventa que la distribución de boletos por parte de operadores políticos lo que ocasionó inconformidad de los aficionados.

A unos metros del acceso al estacionamiento del estadio se encontraban los vendedores ambulantes. La policía retiró a los vendedores ambulantes a la zona habitacional aledaña al estadio, excepto a quienes revendían boletos.

En la zona del estacionamiento no había vendedores ambulantes quienes habían sido replegado metros atrás. La promesa de no vender cemitas en las inmediaciones del estacionamiento se había cumplido. Por lo menos en el partido inaugural.

Los aficionados desplegaban las banderas del Boca Juniors y las del Puebla. El tránsito en la zona era impasable. Los franeleros cobraban 50 pesos por estacionarse ante la pasividad de las autoridades.

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Una mujer con su familia relata la peripecia para conseguir boletos. Enfundada en la casaca deportiva del Puebla, la mujer confía en conseguir boletos de última hora, como dádiva gubernamental:

-Nosotros no pudimos conseguir boletos, por nuestros trabajamos no pudimos y los que los consiguieron los están vendiendo. Pues venimos a ver si del mismo gobierno nos pueden regalar unos o algo. Pero pues nos dicen que no. Y hay otros que andan vendiendo los boletos desde 500, 650. Pues qué mala pues los que en realidad queríamos ver el partido ya no lo pudimos ver por lo mismo que no pudimos conseguirlos los que lo consiguieron los están vendiendo.


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-Muchos hicieron nee-goo-cio..- reclama airadamente un aficionado que viste la casaca de franja. Afuera de la puerta número 1 se queja.

-¿Y entonces qué va a hacer?- le pregunta ingenuamente el reportero.

-Pues irme a mi casa a verlo- acentúa su respuesta con el clásico cantadito de la geografía camotera.

Y ya resignado dice:

-Esperaré la liguilla para poder verlo. Pues ya no nos queda de otra.

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Otro aficionado de la franja, fan de corazón que ha seguido al Puebla en las buenas y en las malas se siente molesto:

-Pues los que le vamos al Puebla. Había gente formada, filas y horas ahí. Mi apoyo y mis sentimientos siempre han estado ahí con el equipo. Pues yo he viajado. Lo que el tiene de edad – apunta hacia su hijo de 9 años, que también viste la casaca de la franja- yo lo tengo en la barra aquí.

El aficionado se queja de la mecánica para repartir boletos que no premió a los verdaderos aficionados al Puebla de la Franja, explica, sino a los “villamelones” que sólo acuden al estadio a los partidos de equipos visitantes con cartel como el América, el Chivas o el Cruz Azul:

-Yo vi cuando estaba descendido. Yo fui a Culiacán cuando ascendió – relata el aficionado de la Franja- fue un viaje de que te fuiste un miércoles allá y ya estabas viendo el ascenso el sábado.

El aficionado se pone nostálgico:

-He visto cómo directivas han pasado y no les ha importado nada el equipo. Yo hubiera preferido que hubiera sido un Puebla Lobos porque a la mejor toda la gente era de Puebla. Todos los que vienen con su playera del Boca pues ni siquiera son de Puueeebla- relata el hombre que lleva entregado al equipo de su amores y porta en sus brazos tatuajes de la imagen de Jesucristo.
Gente que vino de México nomás a ver a esos güeyes. Y el gobernador dice, y él dice pues yo voy a regalar tantos y al que se forme y según se lo iba a dar al que le iba al Puebla pero vimos que no es así..

-Yo como se lo dije al de los boletos, si yo traigo un boleto de la final del ascenso Culiacán ¿me vas a dar 100 boletos? ¡Tú quieres que yo te demuestre mi amor al Puebla! Pues ahí está. Cómo dices que se lo vas a dar al que ama al Puebla sino es así. Yo se los llevé. Se lo demostré a los que estaban ahí. Se los demostré.

-Y a mí no me dieron nada. ¡Ni pedo!

El aficionado dirige su mirada a la entrada del estacionamiento.

-Y cuántos revendedores está allá ahorita… entonces cómo es que se los estás dando a los que realmente le van al Puebla y no voy a decir que al doble pero unos 200, 300 pesos el de rampa. Y pues es una falta de respeto para la banda, para la gente que siempre ha venido. Es una falta de respeto para nosotros.