Como ayer les anticipé, en esta entrega dedicaré un espacio para hablar de una de mis pasiones personales: el futbol.
Desde hace varios años decidí que mis aficiones por la fiesta brava y por el balompié debían quedar marginadas de mi pluma, salvo casos excepcionales.
Hoy es uno de esos días en que mi desesperación como fanático del Puebla no puede quedarse guardada, sin decir lo que pienso del técnico camotero Sergio Bueno.
Si bien es cierto, mi condición de periodista político me debería tener acostumbrado a las prepotencias y necedades que caracterizan a nuestros gobernantes, como aficionado no me puedo hacer a la idea de pasar por alto a un hombre, que por el hecho de sentarse en un banquillo siente tener el derecho a destrozar las ilusiones de toda la hinchada.
Vayamos a las necedades.
La primera muestra la tuvimos cuando decidió sentar a Alexandro el “Mostro” Álvarez, para colocar a un portero sin experiencia argumentando que jugaba mejor con el balón en los pies.
Después vino la imposición de dos jugadores de mediana calidad como Aldo Polo y Alan Zamora; particularmente el primero, cuyos errores han costado media docena de goles en contra.
A estos caprichos se sumaron las obsesiones tácticas de jugar con una línea de cuatro, cuando la lentitud de los centrales le demostró que no había otro camino que utilizar a tres hombres en el centro de la zaga.
Pero la peor de las necedades estriba en la dictatorial postura de salir jugando el balón desde la puerta.
Pobre de aquel al que se le ocurra lanzar un balón largo.
Eso ha generado un sinfín de errores defensivos, de los cuales se derivaron diversas derrotas.
¿No se da cuenta Bueno que los técnicos rivales lo tienen perfectamente estudiado?
Por eso presionan su salida con tres y hasta con cuatro jugadores, esperando el error rival sabiendo que los defensas poblanos están obligados por decreto a salir jugando.
Entiendo que el señor quiera imponer su estilo y gusto por el juego ordenado y espectacular; también comprendo que tenga la ilusión de brindar un espectáculo como el del cuadro azulgrana de Pep Guardiola, pero que eso lo haga cuando tenga en su plantilla a jugadores como Alves, Mascherano, Busquets y Abidal; mientras tenga a Polo, Juárez, Ortiz y Durán no tiene con qué garantizar una salida segura. No puede pedirle peras al olmo.
Si el Barça, el ManU, el Madrid y algunos más se pueden dar esos lujos, Sergio Bueno debe aceptar su realidad.
Pero, lamentablemente, la cerrazón no es exclusiva de nuestros gobernantes.
Evidentemente, la arrogancia y la necedad terminan adueñándose de los hombres del poder, sean gobernadores o incluso entrenadores.
Esa una condición humana.