Quienes hasta el momento se lleva el “oso” de la campaña son las candidatas de Acción Nacional a diputada: Blanca Jiménez y a senadora: Augusta Díaz de Rivera.
Nuestros personajes dejaron en claro que buscan llegar a San Lázaro y a la Cámara alta pero sólo de paseo. La semana pasada ambas acudieron a una entrevista radiofónica con Fernando Canales y ninguna de las dos supo responder cuáles eran los artículos constitucionales referentes al trabajo y a la educación.
Lo peor del caso no es la balconeada, sino quien las exhibió, ya que fue el lector de notas Fernando Canales, y miren que eso es mucho decir.
Es evidente el desconocimiento que ambas suspirantes tienen sobre nuestra Constitución, lo cual es imperdonable, sobre todo si se toma en cuenta que Augusta Díaz de Rivera actualmente es diputada federal y se supone tiene experiencia legislativa, ya que también ha sido diputada local y regidora.
En la entrevista, Díaz de Rivera fue cuestionada sobre su propuesta legislativa, y cacareó la reforma laboral, sólo que el comunicador le preguntó si sabía del artículo de la Constitución que se refiere al trabajo, y con más rapidez que exactitud dijo que era el 127; en un segundo intento le atinó y dijo el 123.
Blanca Jiménez es un tema aparte, hasta un niño de primaria se supone, debe responder a la pregunta, ya que los artículos 123 y 3 de la Constitución, junto con el 27, fueron la parte medular de las conquistas revolucionarias plasmadas en el documento que aprobó el constituyente en 1917.
Pero hubo otra joya cuando le tocó el turno a Blanca Jiménez quien habló de reformar la educación, y al preguntarle del artículo dijo “hay que cambiar el primero de la Constitución”; el lector de notas le dijo “ese no es” y la respuesta fue “sí, es el cuarto”, como si se hubiera acercado más, pues es el tercero.
El “oso” que protagonizaron ambas candidatas no es exclusivo de las dos desafortunadas damas, a las cuales ahora les tocó ser exhibidas por su ignorancia.
El común denominador de la clase política nacional, no sólo la poblana, es su escasa cultura general, la cual es exhibida cada vez que se les pregunta sobre temas específicos para los cuales no acuden preparados.
Muy pocos políticos leen, muy pocos pueden presumir de tener una sólida cultura general, mucho menos de leer y prepararse jurídicamente, lo cual debería de ser un requisito indispensable para ser representante popular.
A eso se debe que tengamos tantos políticos levantadedos, que en su vida les interesó conocer sobre historia universal o de México y que generalmente cuando tienen que aprobar una iniciativa no saben ni lo que tienen en las manos, mucho menos cuáles serán los resultados de lo que votaran o aprobarán en comisiones y después en el pleno.
Mal hace Juan Carlos Mondragón al tratar de defenderlas queriendo desviar la atención hacia otros candidatos.
El punto fundamental de la crítica debe enfocarse directamente al desconocimiento que los propios “representantes populares” tienen de la ley, y eso nos lleva a la reflexión de que por eso legislan como lo hacen, sin saber absolutamente nada de lo que aprueban.
Mondragón haría bien en quedarse callado, ya que para él la Constitución pasa a segundo término. Para el dirigente panista es mejor ser “honrado, trabajador y transparente”, aunque no se sepan los artículos de la Carta Magna, por eso estamos como estamos.
“No nos ayudes, compadre”, deberían decir las candidatas panistas, la cuales se llevan el galardón al “oso de la campaña”. Claro, hasta que antes diga o haga algo mejor.
Si no al tiempo.