Antes del comentario obligado, tras los hechos violentos del viernes, le comento que “no se puede chiflar ni comer pinole al mismo tiempo”.
Esto viene a colación por la “sensacional idea” del director de la Policía Ministerial del Estado (PME), Juan Luis Galán, de colocar un agente investigador para cada sucursal bancaria o por lo menos todas las sucursales de la ciudad de Puebla, en busca de combatir los asaltos a cuentahabientes y los robos bancarios.
Se suponía que en el Banamex que se ubica en Juan Pablo II, había por lo menos un agente investigador y resulta que no había tal, por lo mismo, los tres sujetos que asaltaron al empleado de una constructora tranquilamente se llevaron cerca de medio millón de pesos y se paso le quitaron la vida.
Podría decirse como pretexto que este policía se había retirado a vigilar otro banco, pero cómo puede explicarse que ese mismo día la sucursal bancaria de la 25 Oriente y la 2 Sur fue blanco de un asalto, donde un solitario delincuente alcanzó a llegar a la cajera y la despojó de 30 mil pesos, o cómo estuvo que a un cuenta habiente que salía de la zona de Plaza Dorada le robaron 100 mil pesos, ¿todo el mismo día?
¿Qué fue lo que pasó?
Primero le comento que en este mismo espació se dio a conocer de la molestia de agentes, principalmente de comandantes, de que los concentraran, cuando era su día de descanso, para que se pusieran a vigilar bancos, por lo menos hasta las 19:00 horas y después les ordenaban reincorporarse a sus labores.
Este hecho y otros abusos que sufren los agentes ministeriales, como el pago de su bono de 600 pesos, estaba provocando una especie de “huelga de brazos caídos”, es decir, los agentes dejaron de trabajar, para no seguir enriqueciendo el “ego” de su director, que de cada sospechoso que es detenido el exige una tarjeta informativa completa, con todo y foto, para su “récord personal”.
Quien hizo la queja contra el director también comentó al reportero la “máxima” que debe aprender un líder policíaco, primero no meterse con sus descansos, luego con su dinero y finamente no meterse con sus mujeres, parece que sólo le falta al director “bajarle la mujer a sus elementos”.
Esto que le comento no sirve para justificar la ineptitud policíaca, pero sí sirve para partir del hecho de que todos estos agentes, jefes de grupo y comandantes, no se emplean a fondo por estar molestos.
Lo segundo sería que los robos ocurrieron por “complicidad policíaca”, ¿será?

¿Eficacia en la investigación?
Para lo que sirven, aunque no los dejan, a los agentes ministeriales es la investigación de delitos, para eso se “pintan solos”, principalmente los agentes con años de experiencia. Los tres robos podrían ser aclarados si los dejaran trabajar, pero los tienen cansados con guardias que no pueden concretar —lo del viernes es un ejemplo.
Le comentó también que por lo reducido del personal cada agente tiene para su cumplimiento entre 200 y 300 órdenes de investigación, presentación y aprehensión, pero si los meten a las guardias a las 9:00 horas y los sacan a las 19:00 ¿Cómo van a cumplir?
Los que se encargan de estos menesteres, las investigaciones de robos, se la pasan metiéndose el dedo en la nariz.
¿Se acuerda usted del comandante de Robos y Asaltos?

La columna del 26 de noviembre
En el aspecto de la efectividad policíaca le comento que quienes enfrentan un retraso infame es en la Policía Ministerial del Estado (PME), pero si bien no en todas sus comandancias, sí en las principales como la de Robos y Asaltos, que se ha ganado el mote de “Los tecitos”, porque ahí están pero que no sirven para nada. El comandante de este “grupazo” de ministeriales puede presumir de todo: de chismoso, de “invitador”, de “barbero”… pero de efectivo, nada de nada.
El comandante, de quien no se sabe si está en la lista de los que no pasaron el examen de confianza, se ha dedicado a la investigación de casos que le “llueven del cielo”; para ser más específicos, vive de las detenciones de la Policía Municipal y la del estado, que remiten a sospechosos ante el Ministerio Público, y al servidor público y a sus “muchachos” les toca investigarlos y claro, con una “cachetada” y una “mentada” logran sacar confesiones y así prolongan su estancia, sin trabajar, en una corporación que poco a poco queda diezmada.
A esta columna llegó una queja directa contra el comandante de Robos y Asaltos, queja donde se señala lo que antes le comenté: que se trata de un comandante que se la pasa contándole cuentos de “caperucitas y lobos” a su jefe directo, además se granjea su amistad con uno que otro regalito y chismes, con tal de que no se dé cuenta de la poca efectividad que existe en la comandancia.
La misma misiva indica que este comandante, además de dedicarse a la “milonga” y a la “chacaleada”, también está muy al pendiente que sus “muchachitos” no le piquen los ojos y se queden con uno que otros pesitos que salen quién sabe de dónde.
Nos vemos cuando nos veamos.

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