Quienes conocen a Rafael Moreno Valle saben que en su diccionario no aparece la palabra “derrota”. El hambre de poder que caracteriza al gobernador poblano lo convierte en un personaje sumamente ambicioso que no acepta ningún revés político.
De ahí que suene absurda la posibilidad de que el Señor de los Cerros entregue la plaza de Puebla, a petición del presidente Peña Nieto, en las próximas elecciones de julio de este año. Es impensable que Moreno Valle juegue a perder la presidencia municipal, porque sabe perfectamente lo que esto representa.
Una derrota en la capital implicaría la debacle del morenovallismo justo a la mitad del sexenio.
Hay que recordar que históricamente los resultados electorales en la ciudad de Puebla le otorgan el carro completo al partido que gana la alcaldía. Es decir, que un triunfo para el PRI le daría siete diputaciones al partido —que se presume— tomará una verdadera posición opositora en la próxima Legislatura.
En esa lógica, partiendo de los 26 distritos que conforman el estado, tenemos que no sería descabellado pensar que a los siete distritos de la capital se sumarán otros nueve o 10, derivados de las zonas en donde el PRI mantiene su voto duro, alcanzando 16 o 17 diputaciones por la vía del voto directo.
Si a este escenario sumamos cinco diputaciones plurinominales, el PRI amarraría la mayoría en el Congreso poniendo en serios predicamentos la segunda mitad del sexenio morenovallista.
Ante esta simple posibilidad, resulta imposible pensar que el Señor de los Cerros esté dispuesto a entregar una plaza, sabiendo que perderla desataría “el principio del fin”.
No hay que olvidar que la próxima Legislatura será la encargada de aprobar o no la última cuenta pública morenovallista, la cual podría cobrarse todas y cada una de las persecuciones de las que los priistas han sido víctimas a partir del 1 de febrero de 2011.
Por todo lo anterior, debemos prever una verdadera guerra electoral, donde el gobernador hará hasta lo imposible para mantener la capital del estado, así como el control del Congreso del estado. Por su parte, el priismo utilizará su nueva estructura federal para contrarrestar los embates del aparato morenovallista. Quien quiera pelear la presidencia municipal por parte del PRI no puede esperar que esta le caiga del cielo por acuerdos divinos.
A todos los suspirantes les debe quedar claro que quien levante la mano, deberá estar dispuesto a la aguantar la peor de las guerras sucias.
Si de algo estoy seguro es que tanto priistas como morenovallistas irán por todo el botín de guerra sin tregua ni cuartel.
Y para quienes pensábamos haberlo visto todo, créanme que aún nos falta ver lo mejor.