Tuvieron qué pasar 12 años para que los mexicanos olvidáramos lo que representa el poder de un gobierno presidencialista.
Y fueron suficientes dos meses para refrescarnos la memoria con el regreso del régimen priista, el cual conoce y aplica aquella máxima política que dice que “el poder no se comparte”.
Para bien o para mal, la esencia priista los conduce por el único camino que conocen, que no es otro que el de alcanzar el poder total donde nada está por encima de la figura presidencial, con todo lo que esto implica.
En esa lógica, Puebla es uno de los estados donde el poder presidencial se está haciendo presente para contrarrestar a un gobierno con aires absolutistas, como el de Rafael Moreno Valle.
Mucho se rumoró sobre la invasión de delegados foráneos, para relegar a los operadores priistas de estos cargos; sin embargo, el tiempo demostró que esta versión era una simple ilusión morenovallista reflejada a través de algunos personeros.
Para la mala fortuna del morenovallismo, uno a uno, los nombramientos de los nuevos delegados demuestran el interés electoral del gobierno federal.
Y es por el colmillo retorcido de los operadores de Enrique Peña, particularmente Miguel Ángel Osorio quien ha combinado a operadores priistas poblanos con algunos hombres cercanos provenientes de su natal Hidalgo.
Es evidente que el PRI utilizará —como en sus mejores tiempos— una doble estructura: la del partido y la del gobierno para recuperar Puebla, donde lo menos importante será lo partidista.
Cómo olvidar el grave tropiezo electoral que vivió Vicente Fox en la elección intermedia federal de 2003, cuando perdió la mayoría en San Lázaro después de haber arrasado en aquel histórico 2 de julio de 2000.
En el análisis de fondo, la razón más importante de la derrota azul fue que el gobierno foxista tardó tres años en relevar a la totalidad de los delegados federales en el país.
Por increíble que parezca, en julio de 2003 todavía existían delegados federales de ascendencia priista.
A diferencia de Fox, el presidente Peña Nieto relevará en menos de tres meses lo que al panismo le llevó tres largos años.
Son los contrastes de quienes mantuvieron el poder durante 70 años, contra los que lo perdieron en dos sexenios.

Pacto por Puebla
El Pacto por Puebla ya tiene nombre: Acuerdo de Loreto y Guadalupe.
Se firmará en la primera quincena de febrero en un macro evento que se realizará en la zona histórica de Los Fuertes.
El secretario general de Gobierno, Fernando Manzanilla, es el encargado de cabildear con todos los sectores para la firma correspondiente.
El anteproyecto está en manos de los diferentes líderes políticos, empresariales, de las universidades, sindicatos y organizaciones civiles, para tener un proyecto final.