Angustiado por la creciente inseguridad en Puebla, el principal responsable de la seguridad en Puebla encontró la fórmula para mejorar los índices de criminalidad de un solo plumazo.
Tal y como ayer lo cité en esta columna, el gobernador intentó defender su gobierno aludiendo a los índices oficiales, los cuales, tal y como se documentó en Intolerancia Diario, señalan que la crisis es inminente, ya que Puebla pasó en 2013 a ser uno de los tres estados con mayor número de robos con violencia, entre otros rubros donde la inseguridad reporta números verdaderamente alarmantes.
Así las cosas, el secretario de Seguridad Pública en el estado, Facundo Rosas, tuvo la ocurrencia de exigir, a partir de ayer, a los elementos de la Dirección de Vialidad Estatal que realicen funciones de policías, obligándolos a documentar diariamente detenciones de raterillos y borrachos, para aumentar los números de presentados ante el Ministerio Público.
La orden implica que todos los agentes de Validad Estatal dediquen parte de su tiempo para realizar pesquisas por toda la zona metropolitana, con tal de cumplir con su cuota de detenidos, en el entendido de que puedan imputarle delitos a cualquier parroquiano con tal de obedecer las órdenes de don Facundo.
Lamentablemente, estos números servirán únicamente para maquillar la grave situación que en materia de seguridad padecemos los poblanos, ya que la inmensa mayoría de los detenidos no disminuirán en nada los abundantes crímenes.
Sobre todo porque el problema mayor es el de los robos con violencia, que son realizados por asaltantes que no pueden ser atendidos por los agentes de Vialidad, por más disposición que tengan.
Un dato revelador es que los agentes de Vialidad no cuentan con el equipamiento para cumplir con funciones de policía.
De entrada, los llamados tamarindos no cuentan con permiso de portación de armas ni cuentan con patrullas adecuadas para persecuciones criminales, ni están equipados con sistemas de intercomunicación policiaca.
Además, no están capacitados técnicamente para enfrentar a un delincuente, lo cual requiere de un adiestramiento altamente especializado.
Sin embargo, para el titular de Seguridad Pública lo importante es darle números “positivos” a su jefe el gobernador, quien está ansioso de mejorar los índices de delincuencia, aunque éstos sean parte de una burda simulación.