Con un cinismo impactante, el delegado del CEN del PAN, Maximiliano Cortázar, reapareció en Puebla para cuestionar la presunta riqueza del hoy candidato a la alcaldía por el PRI, Enrique Agüera.
Independientemente de que el abanderado tricolor tenga la facultad de defenderse por los ataques lanzados por el exvocero presidencial, me parece más que oportuno recordar quién es Max Cortázar y qué clase de negocios ha realizado con el gobierno morenovallista.
Por donde se le vea, Max Cortázar es un mercenario de la política que ha aprovechado sus relaciones con los altos mandos panistas para concretar millonarios negocios en favor de sus empresas.
Para muestra tenemos lo sucedido al inicio del sexenio de Rafael Moreno Valle, en donde una de sus empresas hizo negocios multimillonarios con el gobierno estatal sin que nada ni nadie pudiera ver ni evitar el saqueo al erario.
Permítanme retomar una de mis columnas, en donde se describen los turbios negocios de Cortázar con el gobernador Moreno Valle:

Contracara, junio 2011
Max Cortázar, la huella y el wey
Mostrando una voracidad desmedida, la empresa enviada a Puebla por el asesor morenovallista Max Cortázar pretende cobrar 30 millones de pesos por los escenarios que sirvieron de marco a los eventos organizados por el gobierno del estado por sus primeros cien días.
Esa bomba informativa fue detonada por el periodista Arturo Luna la semana pasada, sin embargo, lo que no se ha dicho, es que de esos 30 millones de pesos ya fueron cobrados 10 millones, lo cual ha provocado que se aceleren las investigaciones sobre este abuso financiero, antes de que se paguen los 20 restantes.
Hay que decir que quien autorizó estas facturas, con sus respectivos sobreprecios, fue Rodolfo Díaz, coordinador administrativo del área de Comunicación Social, lo cual genera severas dudas sobre las verdaderas razones de la salida de Norberto Tapia de esa dirección general.
Entre muchos otros, dos de los grandes negocios de la empresa Escénika fueron el programa Hoy de Televisa (transporte, mobiliario, accesorios, escenarios, etcétera), asunto al que le sacaron una millonada, y los stands del gobierno de la Feria de Puebla, que cobraron como si hubiesen sido de oro.
El programa Hoy no devolvió nada de lo que le dio el gobierno, se llevaron hasta los espejos que usaron Galilea Montijo, Andrea Legarreta y hasta el carismático de Alan Tacher.
Organizaron todas las ruedas de prensa, presentaciones, inicios de obra (banderazos, primeras piedras) de Rafael Moreno Valle y dispararon las facturas.
Todo indica que quien descubrió todos estos excesos fue Óscar Gómez, administrador de la Secretaría General de Gobierno, el cual informó a su jefe Fernando Manzanilla, y éste pidió a Tovilla y a la Contralora Leal que investigaran.
Quienes conocen la conformación de la estructura gubernamental, tienen la radiografía completa y saben como llegó Escénika a Puebla.
Y no hay más, las huellas son de Max Cortázar.
¿Y los weyes?
También.


Tras estas historias, me pregunto: ¿con qué calidad moral puede cuestionar?
¡Que no me joda!