¿Qué es lo que realmente determina el triunfo de un candidato?
Al deambular por la ciudad y observar con enfado la saturación de propaganda que existe en las calles, seguramente usted se ha cuestionado sobre la influencia que esa basura electoral infiere en el resultado de los comicios.
¿Pensarán realmente los candidatos que las elecciones las gana quien más pendones tenga colgados en los postes?
Evidentemente, la ambición de los candidatos y el nerviosismo que les generan sus propios geniales asesores los llevan a ordenar la toma de las calles a través de toda la basura imaginable, sin percatarse del enojo que generan en los posibles votantes.
Pero la basura electoral va mucho más allá de los pendones que ensucian todos los rincones del estado.
El negocio de la publicidad está en todos lados, sin más barreras que el de la imaginación de las agencias y la cartera de los candidatos.
Autos con perifoneo, camionetas con publicidad estática, volantes lanzados desde avionetas, sonidos locales en los mercados, llamadas telefónicas con la voz del candidato, mensajes de texto a toda la base de Telcel, anuncios en Facebook y una gama inimaginable de estrategias a través de las redes sociales son parte de la abrumadora campaña que nos tiene al borde del colapso.
Ahora bien, ¿cuál de todas estas herramientas publicitarias determina el sentido del voto?
Haga un ejercicio rápido y verá que difícilmente su voto está directamente ligado a uno de estos medios publicitarios.
Los consultores en imagen aseguran que el punto que marca las tendencias es el concepto global de un candidato externado a través de toda la campaña, sin embargo mucho se les agradecería que evitaran tanta basura y tanto estiércol en nuestra ciudad.
En ese sentido, vale la pena echar un vistazo a los países democráticos más avanzados para descubrir que sus campañas están muy alejadas de pendones, de espectaculares y de todos los excesos publicitarios que aquí identifican a las campañas políticas.
Las campañas políticas en muchos países europeos son tan discretas, que para un turista puede pasar desapercibida una elección. 
Bien dicen que el tamaño del basurero electoral es inversamente proporcional a la cultura política de un pueblo.
Y en eso seguimos, y seguiremos, en el tercer mundo.
 
El arte de nadar de muertito
En lo que va de la campaña no he escuchado a ningún candidato a diputado del PRI cuestionar una sola acción de gobierno.
Con un miedo impresionante, los candidatos “nadan de muertito” esperando a que Enrique Agüera les haga el milagro de llevarlos al Congreso del estado.
En sus ocurrentes discursos se escuchan las mismas promesas de siempre, sin que asuman su postura opositora.
En una entrega reciente les cité algunos temas que pudieran ser parte de la crítica en torno a los excesos y abusos de la administración estatal.
Parecen olvidar a quién representan los candidatos de la coalición Puebla Unida, y todos los dividendos que les puede representar una crítica al gobierno morenovallista.
Salta a la vista que a los candidatos les tiemblan las corvas para criticar al Señor de los Cerros. 
Y después de esto, me pregunto: ¿con ese pavor piensan legislar?