Torneos van y torneos vienen. Con todo y las limitaciones económicas que enfrentan al competir con las familias y los emporios más grandes de México, las directivas hacen lo que pueden de acuerdo con su presupuesto, en algunas ocasiones se traen 20 o 22 jugadores nuevos; y nos quejamos de que no se da continuidad a los procesos, que así es imposible tener una continuidad y un cuadro base. Sin embargo, cuando —como en esta ocasión— se intenta de alguna manera mantener la base al sostener jugadores en todas la líneas, tampoco estamos conformes, y no lo estamos porque se trajeron jugadores que no son muy populares o que, si lo fueron, ya se encuentran ahora por arriba de los 30 años de edad, lo cual es absolutamente cierto, aunque no debemos olvidar que Puebla —a mi parecer— no requería de grandes ajustes, algunos si eran necesarios y urgentes, como la portería, donde con Villalpando y Navarrete parece que se estará cubriendo con el requisito, sin que ambos sean la gran maravilla. La defensa se reforzó, por derecha, con Kevin Rojas, quien le dará solidez a esa pradera que tantos problemas causó el torneo anterior. En el centro se mantienen a Lacerda y a Chávez, quienes tendrán el apoyo de Segundo Castillo, quien en determinado momento podría ser cubierto en la contención por Leandro Augusto (ojalá que no se lesione) y por Noriega, quien finalmente se quedo en la escuadra. Además, se cuenta con gente como De Buen y Jimmy Duran, quien finalmente permaneció en el Puebla al no poder conseguir algo mejor por izquierda. Donde sí queda duda es en el supuesto que Damarcus no se quede, porque ahí sí tendríamos un problema serio, pues hasta ahora su salida no ha logrado ser cubierta por alguien con su calidad; aunque, a modo de ser sinceros, Beasley ya sólo podría jugar en México con La Franja. En caso de no ser así, tendría que emigrar forzosamente al extranjero y La Franja podría echar mano de la plaza de extranjero para traer a alguien más. Y, adelante, a Borja y a Alustiza, se suma Alfredo “Chango” Moreno, delantero capaz —aunque ya con algunos años encima—; creo que podría ser un buen aporte siempre y cuando se ponga en forma, porque, a mi parecer, es más jugador que Issac Romo, quien salió del equipo.
En las manos de Lapuente y de su sustituto ante cualquier eventualidad, Raúl Arias, está la responsabilidad de lograr que estas piezas se incrusten de buena manera en el accionar táctico camotero. Si lo logran, Puebla puede dar la batalla y competir. ¡Ojo! Digo competir, no ser campeones ni superlíderes, pero sí intentar meterte entre los ocho primeros para calificar, aunque el objetivo primario seguirá siendo el mismo del torneo anterior, que no es otro que el intentar evadir el descenso, pues no olvidemos que estamos a sólo seis puntos del sotanero Chiapas y el horno no está para bollos. Ojalá que con estas incrustaciones se logre volver al equipo competitivo, a pesar de que no se trajeron grandes jugadores en lo que a nombre y costo se refieren, aunque lo importante en el futbol será el funcionamiento y no el nombre. Aunque, mientras sigamos creyendo lo contrario, jamás estaremos conformes.
 
Cuahtemoc Blanco a la UAP
Vaya golpe mediático que aplicó el rector Alfonso Esparza Ortiz al traer al Temo, mediante un patrocinador, al equipo de los Lobos BUAP. Para mí, un acierto que obligara al futbol mexicano en general a voltear los ojos a Puebla y a la UAP en lo futbolístico. Si bien Cuauhtemoc ya cuenta con 40 años en sus hombros, también lo es el hecho de su sola presencia y su gran toque generan un impulso especial en sus compañeros. Veremos en el desarrollo del torneo si futbolísticamente el jugador le da a los licántropos lo que se espera de él, porque en lo comercial —créame—es un gran acierto que le generará prestigio y conocimiento nacional a una universidad que vive uno de sus mejores momentos.
Nosotros veremos y diremos.
Hasta la proxima.