Las oficinas de la Secretaría de Gobierno y Seguridad Pública del estado deben tener un documento firmado por Leticia de Ita, la esposa de un hombre que se encuentra recluido en el Centro de Readaptación de Mediana Seguridad de Tepexi de Rodríguez.
En este documento ella denuncia los abusos de autoridad perpetrados por el personal de seguridad y custodia de ese penal, que se encuentra bajo las órdenes del comandante Orlando Vázquez Rojas, a quien señala directamente como quien ordena los abusos.
Leticia de Ita dice estar enterada de que los internos de ese penal son víctimas de constantes abusos y excesos, a grado tal que por cualquier motivo que se les ocurra a los custodios segregan a los internos en una zona conocida como COC, donde son golpeados en forma brutal, además de que por diversión les avientan a los perros que tienen entrenados para atacar.
El cuarto párrafo de la carta dice de manera textual:
“Sabemos que existen reglas y leyes que hay que cumplir, sin embargo, también los internos deben ser tratados para rehabilitarlos y reintegrados a la sociedad; son seres humanos y merecen otras oportunidad. No pedimos privilegios sino un trato humanitario, estamos suplicando su ayuda porque no tenemos a quien recurrir.”
Leticia de Ita envía la carta dejando entrever que su esposo —de quien no revela el nombre— ha sido víctima de este tipo de abusos, agregando que otros internos también los han sufrido, por lo que también advierte que no quiere ninguna represalia contra su familiar por haber denunciado lo que ocurre en el Cereso de Tepexi.
La quejosa señaló que recientemente tuvo una plática con el director de ese Cereso, José Francisco Otero, a quien le dijo lo que estaban haciendo los custodios, además de que lo señala como a quien los familiares de los internos les oculta información, y dice que este funcionario la trató en forma déspota.
Pero peor le fue con la licenciada Susana N., de Trabajo Social, quien vía telefónica le dijo que no se presentara en dos meses. “Ni vengas a ver a tu familiar”, le sentenció.
“Esta —dice— es otra práctica de abuso porque sin más le suspenden hasta por tres meses a los internos el derecho de que vengan a visitarlos sus familiares y en ese lapso son objetos de abusos y torturas.”
Al final de la carta de denuncia se reitera que no debe haber represalias por esta denuncia; incluso, dice temer por la vida de su esposo o porque le puedan aumentar su condena, y finaliza: “Mi esposo ya no va a poder aguantar tantos golpes, es una persona mayor”.
 
En Huauchinango… ¿on’ ta’ malandro? 
En al menos cinco colonias de la ciudad de Huauchinango los habitantes viven realmente aterrorizados. De la noche a la mañana aparecieron hombres vestidos de policías, que no son policías pero que recorren las calles con radios de comunicación, como si estuvieran “vigilando a alguien”.
La Policía Municipal, la del Estado e incluso la Ministerial han sido informadas de la presencia de los desconocidos, muchos de ellos a pie, pero no han movido un sólo dedo para corroborar esta presencia, que se les antoja sería del crimen organizado.
Las colonias por donde han aparecido estos uniformados son Nuevo Milenio, Chapultepec, La Mesita, Guadalupe y La Aurora.
En el reporte que envían los vecinos dijeron que desde hace algunas semanas vieron aparecer a los uniformados, quienes portan trajes similares a los de la Municipal pero no portan armas, sólo radios de comunicación, y lo que hacen es recorrer las calles, reportar por radio y no tener contacto alguno con la población.
Los sujetos han aterrorizado a los vecinos porque los ven en la mañana, tarde, noche y hasta de madrugada, no saben quiénes son ni qué es lo que están cuidando, y temen que en cualquier momento se pueda desatar un hecho violento.
La denuncia dice que si bien es cierto que estos sujetos hasta el momento no han perpetrado delito alguno, también es cierto que al estar uniformados sin ser policías están cometiendo el delito de usurpación de funciones y por lo mismo deberían ser detenidos para investigación, sin embargo, parece que a nadie le importa.
Nos vemos cuando nos veamos.