Proveniente de la casona de Los Fuertes, una de las primeras órdenes que recibirán los flamantes diputados locales será la de validar el contrato firmado entre el gobierno del estado y Agua de México SA, en donde se le otorga una concesión para la explotación y el cobro del vital líquido por un período de 30 años a través de la privatización del Sistema Operador de Agua Potable de Puebla.
Este dato no representa nada nuevo para quienes han seguido de cerca esta negra historia de intereses ocultos entre ambas partes.
Lo que sí es nuevo es que el Congreso del estado recibirá línea para aprobar un aumento inmediato a las tarifas, lo cual —por obvias razones— generará un enojo generalizado de todos los usuarios del SOAPAP.
Si recordamos, la nefasta Legislatura anterior se vio obligada a dar marcha atrás en su intento de aprobar la Ley de Agua, en donde se le otorgaba a la empresa concesionaria la facultad de autorizar sus propias tarifas.
Ante las presiones políticas, el Congreso local determinó que serían los propios diputados los únicos autorizados para fijar las tarifas del agua, lo cual representaba, en el papel, una garantía para los ciudadanos.
Tristemente, esta potestad de nuestros legisladores está en manos de los intereses y compromisos del Señor de los Cerros, quien, a través de su titular de Finanzas, prometió a Agua de México SA un aumento inmediato a las tarifas.
En una próxima entrega les daré a conocer todos los pormenores de esta negociación, además de las empresas extranjeras detrás de Agua de México y los nombres de los personajes que intervinieron para lograr la firma de este jugoso contrato.
Créanme que es la mayor operación financiera del sexenio y con las comisiones más altas destinadas al ambicioso proyecto presidencial.
Estamos hablando de cifras de nueve ceros.
Ni más ni menos.
 
El adiós a don José Sulaimán
Son muy pocos los hombres mexicanos que de pantalón largo la han aportado tanto al deporte como don José Sulaimán.
A sus 82 años, el poderoso presidente del Consejo Mundial de Boxeo falleció después de una larga enfermedad.
A don José lo entrevisté hace 20 años, en diciembre de 1993, días previos a la magna función que organizara Don King en el estadio Cuauhtemoc entre Julio César Chávez contra el inglés Andy Holligan.
Más que un promotor, era un político de los pies a la cabeza. No perdía detalles, dando órdenes, ofreciendo consejos, concediendo entrevistas y controlando siempre a todos sus peleadores.
Era un clásico hombre de poder.
Poder que nunca perdió, pese a su larga enfermedad.
En su última aparición en Puebla, en junio pasado, se le vio pleno, apoyando la campaña de su sobrino Héctor, sin perder la compostura.
Sin duda, se fue un hombre muy querido para México y, en particular, para el boxeo.
Para no ir lejos, este día se le extrañará a don Pepe en la comida de cumpleaños del arzobispo Antonio Chedraoui, a la que nunca faltaba.
Hoy, después de muchos años, no llegará.
Sin duda, se le extrañará.