El lunes 13 de enero inició la amarga pesadilla para el grueso de la corporación de la Policía Ministerial del Estado (PME). El desfile de los agentes, jefes de grupo y comandantes para recuperar el talón de su cheque de la primera quincena del mes de enero se convirtió en el desfile hacia el destierro.
Un oficio que contenía una breve parte de un examen de confianza practicado en el año de 2010 daba por terminadas las actividades de por lo menos 20 elementos con diversos cargos, a quienes les informaron que sus contratos habían sido rescindidos y que reprobaron el examen de confianza.
La noticia llegó en plena cuesta de enero, cuando los ahorros, aguinaldos y quincenas de los ministeriales se habían agotado por las festividades, los pagos y los gastos de diciembre pasado. En un abrir y cerrar de ojos los 20 elementos se quedaron sin empleo y se anunció que al menos 180 de esa misma corporación iban a correr la misma suerte.
Entre los despedidos se encuentra personal destinado a la custodia del director de la PME, además de personal que preparaba sus documentos para solicitar su jubilación, trámite que con este despido les está siendo negado aunque aún les quedan recursos legales para pelear no sólo este trámite, sino una liquidación, considerando que durante los años que laboraron para la corporación todos expusieron la vida y sacrificaron tiempo con sus familias.
Entre los despedidos se encuentra el comandante Jorge Espinal Tobón, a quien le faltaban sólo dos años para solicitar una jubilación completa y quien tras recibir la sorpresiva noticia sufrió un infarto que lo mantiene internado en la Beneficencia Española.
Tobón es el personaje que el 15 de abril de 2008 resultó herido durante la agresión que sufrió un grupo de agentes de la otrora Policía Judicial del Estado (PJE), cuando ingresaron a Córdoba (Veracruz), en búsqueda de un tráiler robado y se enfrentaron contra un grupo de “Los Zetas”; enfrentamiento que dejó además la muerte de otro agente de la corporación poblana y que, por cierto, no recibieron ni un sólo reconocimiento, mucho menos gratificación. 
Tobón recibió el informe de que había reprobado el examen de confianza y que, por lo tanto, sus 28 años al frente de la corporación se vinieron abajo.
 
Discrecionalidad e infamia 
De acuerdo con las experiencias que en Puebla los cuerpos policíacos han adquirido tras el famoso “examen de confianza”, éste esta repleto de irregularidades y de una gran lentitud para la respuesta, lentitud que lleva a más de un año para que se conozca el resultado.
A esta columna, al respecto, llegó una carta enviada por agentes ministeriales, encabezada “con el Jesús en la boca”, donde dejan entrever que varios de los agentes despedidos y los que temen formar parte de la lista de 180 reprobados podrían “cambiar de bando” y buscar trabajo en Michoacá0n. Otros piensan que, además del famoso examen de confianza, también se debería indagar en quiénes son, del personal de la Ministerial, los que han realizado un buen trabajo y quienes no.
Entre los que se encuentra en la lista de los que fueron despedidos figura el comandante Faustino Flores Muñoz, quien ostentaba el cargo de supervisor de la zona sur del estado, es decir, tenía a su mando todas las investigaciones de delitos perpetrados consideradas de alta incidencia delictiva, además de la presencia del crimen organizado, y resulta que no es digno de confianza. 
Este comandante y muchos otros no sólo se resistieron a entregar sus renuncias, sino que, en franca rebeldía, continuaron sus labores ante la complacencia de sus jefes, aunque ellos mismos saben que la disposición de darlos de baja se debe acatar.
Faustino Flores Muñoz se salvó muchas veces de la cárcel, fue acusado de proteger a una banda de “narcomenudistas” en Tehuacán, de encabezar una banda de secuestradores y de muchos otros delitos que nadie quiso o le pudieron probar; ahora busca salvarse y se vale de todas sus genuflexiones para lograrlo. A personajes como éste sí deberían darle las gracias y no dejarlos regresar nunca.
Existen otros comandantes, como Valerio, de San Pedro Cholula, no aptos ni física ni sicológicamente para estar en una corporación, sobre todo con un cargo, y éstos ni sudan ni se acongojan.
Seguramente no reprobaron el examen.
Esta historia va a continuar… 
Nos vemos cuando nos veamos.