Ya en el poder, los panistas sólo reciben migajas del grupo que gobierna el estado.
A los del blaquiazul les fue arrebatado su partido para que encabezara un movimiento aliancista que le trajo más dividendos al morenovallismo que a los propios panistas.
La marca insigne de Compromiso por Puebla fue el PAN. Hombres y mujeres que aspiraban un cambio lograron fortalecer este movimiento. Hoy sus dirigentes se conforman con los escasos espacios políticos que les dan.
El conformismo y la obediencia ciega invaden a los políticos panistas.
El espíritu aguerrido que aprendieron en los cuadros de formación panista quedó en el olvido.
Hoy soportan cualquier arbitrariedad, como no defender los espacios que les corresponde. La solidaridad que tanto presumían hoy no existe, sólo ven por sus propios intereses; una prueba es Juan Carlos Mondragón, que no llegó al Congreso por maniobras del morenovallismo y ninguno de sus compañeros lo defendió.
Ahora, en la repartición de las comisiones del Congreso, los herederos de la doctrina panista no exigen ni chistan nada. Todo lo acatan, todo lo aceptan, se han convertido en unos auténticos agachones al servicio del grupo en el poder.
Cuando ellos deberían tener mayor presencia política en el Congreso del estado, de la noche a la mañana el nuevo partido político Compromiso por Puebla les arrebató espacios.
Y todos callados.
Todos se disciplinan
Y aún más, acatan las órdenes que les dan.
Tal es el caso del diputado federal Rafael Micalco, que, en su calidad de presidente estatal del PAN, inició una campaña mediática en contra del Gobierno Federal. 
Con espectaculares y en las redes sociales cuestiona la política fiscal del gobierno, en lugar de defender los espacios que por derecho le corresponden a los panistas.
En fin, los panistas de hoy están más interesados en mantener su status quo que en defender los principios y valores que le dieron fortaleza al panismo, que —de no cambiar el rumbo— volverá a los tiempos donde eran un pequeño grupo en la oposición.