Como si velaran armas, en los últimos días varios de los principales columnistas de la capital del país han abordado el caso Chalchihuapan como anticipando el escenario político y mediático que está por venir una vez que se conozca la resolución de la CNDH sobre la investigación sobre las graves violaciones a los derechos humanos por parte del gobierno morenovallista.
Lo mismo “Templo Mayor”, en Reforma, que “Itinerario Político”, de Ricardo Alemán, e “Historias del Reportero”, de Carlos Loret, en El Universal, entre otros, hablaron del caso Chalchihuapan en un tono nada favorecedor para el Señor de las Balas.
Es evidente que los tropiezos del presidente de la CNDH han inquietado al círculo rojo de la capital, poniéndolo en la mira de las plumas que esperan ansiosas la determinación sobre los excesos de autoridad de Puebla.
Menudo favor le hizo Moreno Valle a su amigo Raúl Plascencia, poniéndolo en el peor aprieto de su carrera al tener que resolver su caso, a dos meses de su posible reelección.
Irónicamente, el ombudsman Raúl Plascencia, después de estudiar las ondas expansivas de los cohetones, quedará como el clásico cohetero.
Después de dar su veredicto, quedará mal por todos lados, ya que si se apega a las pruebas y la resolución es en contra del gobierno de Puebla pero intenta exonerar a Moreno Valle, provocará un linchamiento mediático y social de proporciones incalculables.
Peor aún si decide exonerar en su totalidad al gobernador poblano, sosteniendo la absurda tesis del cohetón y su exterminadora onda expansiva, lo cual multiplicaría la indignación y reviviría a las organizaciones no gubernamentales que piden a gritos la salida de Plascencia de la CNDH.
Por último, si la resolución fuera contundente en contra Moreno Valle, tampoco lograría convencer a nadie, porque la ejecución del morenovallismo sería vista como una medida desesperada para salvar el pellejo y así mantenerse al frente de la humanista comisión.
Y en el entendido de que cualquiera que sea la postura de la CNDH existe la figura del juicio de amparo, el cual —por su importancia— seguramente terminará en el máximo tribunal de este país: la Suprema Corte de Justicia de la Nación.
Por lo pronto, todo indica que esta semana conoceremos el resolutivo de Plascencia, con todas sus consecuencias.
Veremos y diremos.
 
Factores de optimismo en el PRI
Para quienes conocen el comportamiento de la militancia tricolor, era más que previsible que los pataleos generados por el destape de Ana Isabel Allende para encabezar la fórmula tricolor terminarían siendo controlados para lograr un registro de unidad, en un evento como el de ayer, en medio de un ambiente triunfalista.
El ADN priista es más fuerte que cualquier intentona de rebelión, y más cuando los militantes de este partido empiezan a recibir muestras desde la capital, que los hacen pensar en que su regreso al poder en Puebla es posible.
En primer término, el nombramiento de Ana Isabel Allende es un claro mensaje al grupo morenovallista de que no tendrán frente a sí a una oposición a modo, contrario a lo sucedido en estos cuatro años de gobierno.
Otra señal es el fortalecimiento de las estructuras y los programas federales, en donde la Cruzada contra el Hambre y Prospera se pueden convertir en el contrapeso de la estructura electoral morenovallista, creada y respaldada desde el propio gobierno estatal.
Otro factor positivo es que los tiempos de negociación y desgaste para Peña Nieto ya concluyeron y se anuncia un golpe de timón en el manejo de la imagen del presidente, con un claro fin político electoral.
Y por último, el claro debilitamiento de Moreno Valle, generado de manera natural por el desgaste de cuatro años de ejercicio y excesos en el poder y, sobre todo, por la crisis de gobierno posterior a la represión de Chalchihuapan.
Estas señales han sido tomadas por el priismo con serio optimismo, factor que puede ser utilizado por Isabel Allende para intentar recomponer un partido que hasta hace dos meses parecía desahuciado.